Claves para alcanzar la Felicidad

Por: Melina Alfaro

Cada persona busca algo en la vida, ¿verdad? Seguramente coincidirás en que esa búsqueda es completamente personal e individual. A simple vista, todos buscamos distintas cosas. Sin embargo, si pasamos más allá de lo superficial, de las formas, nos sorprenderemos al descubrir que todos, por distintos medios y tomando diferentes caminos –acertados o no-, nos encontramos buscando lo mismo: la Felicidad.

El reto de cada día
Ser feliz puede ser un desafío emocionante, pero según muchos, algo muy difícil de lograr o al menos de reconocer cuando lo disfrutamos. No hay una sola receta para ser feliz; cada quien intenta serlo a su modo y según su buen entender. Pero sí hay ciertos lineamientos que podrían ser de ayuda para quienes se proponen cultivar el jardín de su felicidad personal.

Curiosamente, una de las primeras claves no es una afirmación, sino una negación. Así es, se trata de aprender a decir “no”, a poner límites, eso que parece tan simple, pero que nos resulta tan complicado por momentos. Es muy común aquella creencia errónea de que para ser “buena persona” necesitas dar a los demás todo lo que nos pidan, sin ningún tipo de límites o restricciones.

Entregarse al servicio desinteresado del otro es algo maravilloso, claro. Pero, ¿existe algún límite? Pues no podemos hacer felices a los demás en base a nuestro sufrimiento. Debemos tener como meta principal nuestra propia felicidad, la personal. Es decir, primero estamos nosotros y después los demás.

¿Te suena mal? ¿Sientes que no es lo correcto? ¿Consideras que esto va contra las enseñanzas de nuestros padres y nuestra comunidad? Vale aclarar que eso no significa ser egoísta, sino reconocer que es imposible hacer feliz a otro si uno inicialmente no es feliz.

Otra cuestión de importancia que puede acercarnos un poco más a la felicidad es aceptar que no somos seres perfectos.  De hecho, tenemos una insólita imperfección natural que es maravillosa, ya que representa aquel motor que nos impulsa a trascender nuestros horizontes personales y a socializar, incluso a conocer otras tierras y culturas. Así, nos daremos cuenta de la diversidad de costumbres y valores y ello nos brindará otra perspectiva de la vida. y hará caer nuestra queja, nuestro mal humor, en saco roto.

Vivir en el presente y dejar atrás la carga del pasado es también algo central para lograr una vida feliz. Asimismo deberíamos intentar dejar a un lado los comentarios mal intencionados de la gente. Recordemos que las palabras de los demás solo tienen el valor que nosotros mismos les otorguemos. Lamentablemente, muchas veces valoramos esas afirmaciones, críticas u opiniones por encima de los pequeños detalles que nos pueden dar gozo, como pueden ser momentos, personas, lugares y por supuesto, nosotros mismos.

La felicidad está en nosotros y en todo lo que tocamos, en lo que vivimos, olemos, miramos. Aún con nuestros defectos, cada uno de nosotros somos una expresión de la belleza que podemos encontrar afuera y que muchas veces nos es difícil reconocer en nosotros mismos. Por lo tanto, no exijamos tanto a los demás, porque –para ser sinceros- no podemos tampoco ponernos tal exigencia a nosotros mismos. Enloqueceríamos.

No intentemos buscar a alguien más para que nos haga feliz. Si no encontramos dentro de nosotros mismos aquello que buscamos, será muy difícil que podamos encontrarlo afuera. La felicidad emerge de nuestro ser, de nuestra preciosa individualidad; y esa felicidad es la que necesitamos reconocer y proteger, muchas veces de nosotros mismos. No hay que tener miedo. Sí, aunque parezca increíble, miedo a ser feliz.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

¿TE GUSTAS A TI MISMO?

Por Melina Alfaro

Si nos aceptamos y queremos tal como somos, sin prejuicios ni temores,

nos encontraremos a gusto en nuestro cuerpo. Para ello necesitas:

 

  • Pasar un tiempo en soledad intentando conocerte, observando tus virtudes y tus deseos.
  • Deja de decir cosas negativas sobre ti mismo, incluso palabras ofensivas cuando te equivocas por cualquier razón.
  • Anota aquellas cosas que te agradan de tu aspecto y tu personalidad. Estúdialas frente al espejo. Lo que ves debe ser coherente con tu naturaleza.
  • Proponte cuidarte, respetarte y aceptarte en cuerpo y alma, incluso di frente al espejo cosas lindas de tu persona.
  • Recibe con naturalidad los cumplidos.
  • Deja de compararte con los demás todo el tiempo.
  • Cada día mírate al espejo y repite: “Me quiero, me gusto y hoy haré algo bueno por mi cuerpo y mi salud”.
  • Pasa a la acción, inscríbete en un curso de yoga o ejercicio que es maravilloso para el equilibrio del cuerpo y la mente.
  • Deja de pensar en lo que no tienes o en lo que no puedes hacer y concéntrate en las bendiciones que tienes y las cosas que si puedes hacer.

Mami ¿Qué será lo que quiere el Negro? La inesperada virtud de dejar de ser superficial

Mami ¿qué será lo que quiere el Negro?

O “La inesperada virtud de dejar de ser superficial”.

Patricia Martínez Castillo

 

Tan bien que estábamos conformándonos y quejándonos de historias predecibles y desabridas, cuando nos llega “el Negro” González Iñárritu, cual es su costumbre, a despertarnos, confrontarnos, horrorizarnos, enternecernos, sorprendernos, hacernos pensar, llenarnos el paladar y el pensamiento de aromas y especies, de acidez e infortunio.

Birdman es la película que nos ha lanzado como balde de agua helada, también titulada  “la inesperada virtud de la ignorancia”, ¿Cómo puede ser virtud ignorar?  Si lo fuera no tendríamos que leer, estudiar, sorprendernos, ¡vivir!. Cuando ignoramos podemos permanecer en una zona de confort; en cambio, pensar, cuestionar, dejar de ser light, profundizar y confrontar suelen incomodar, aunque también nos ayuda a crecer, ser mejores seres humanos, pasar de la mera opinión al conocimiento,  de la queja constante a la acción transformadora.

En un mundo tras bambalinas, el teatro nos regala la realidad de enfrentarnos a nosotros mismos, porque el teatro no tiene segunda toma, o tercera, o hasta que todo salga bien, es a la primera, como salga, como la vida.  Y cada puesta en escena es un empezar de cero. En el camerino te enfrentas contigo, desnudo, frente al espejo de tu propio ser, con una angustia existencial para encontrarte en el personaje, darte a luz desde tus propias entrañas, sin superficialidad ni falsedad, con todas tus miserias, esas mismas que te has esforzado tanto por esconder.

Los miedos se traspasan, es terapéutico, la catarsis libera. El ego, máscara y escondite, desde donde el actor resguarda su hipersensibilidad, se atrinchera, porque el aire le arde, está a flor de piel. El humor negro suele ser un grito de auxilio. Reírnos de una realidad cruel, usando la ironía, que ya desde Sócrates, solía ser herramienta de aprendizaje.

Cuando el ego cae ¿qué le queda? Una hija adolescente que grita: “No eres tan importante, acostúmbrate a ello, ¡Ya! ¡supéralo!”. Ya no eres Birdman, dejaste de serlo hace mucho tiempo y no te has dado cuenta.

¿Cómo renunciar al “Superhéroe”?, a ese personaje que representamos en la edad en la que éramos invencibles, el mundo era nuestro y el tiempo eterno, un bocado e inmediatamente después el otro, saborear era menos importante que atragantarse la vida, hasta que aparece la situación límite: la lucha, la culpa, la muerte y nos da una sacudida. ¿Nos conformamos? ¿O trascendemos?¿Nos atrevemos a ser nosotros mismos o le seguimos en el miedo, en la máscara? ¿Seguimos quejándonos o actuamos?

¿Sólo se trata de sexo?

¿Sólo se trata de sexo?

Patricia Martínez Castillo.

“Pase, pase, Señora, Señorita, le tenemos hombre soltero y sin compromiso, guapo y de buen cuerpo, bien vestido, empresario exitoso, de buen gusto, multimillonario, fiel, inteligente, decidido, toca el piano, y por si fuera poco, sabe bailar. Promete enamorarse de usted, estar al pendiente de sus deseos, ser generoso, llevarla a pasear en helicóptero, en avión privado, en Audi R8,  llenarla de regalos, casarse con usted, ponerle casa, ser amable con sus padres, cuidarla y protegerla. Romance y sexo asegurados. Pero eso sí, debe usted saber que este hombre también es vulnerable, tiene heridas físicas y emocionales que sólo usted puede sanar, sí, sólo usted puede salvarlo.” ¿Quién quiere un hombre así? No se amontonen.

“Pase, pase, Joven, Señor, Caballero, le tenemos mujer joven, hermosa, soltera y sin compromiso, de buen cuerpo, ingenua, virgen, sabe cocinar, aún se sonroja a la menor provocación, sexy, fiel, nada interesada, trabajadora, sus padres la amarán. Ella está dispuesta a vivir y morir por usted, a cumplirle sus fantasías sexuales. Resulta frágil y un poco torpe, cual cachorro, encantadora, usted podrá protegerla y controlarla”. ¿Algún interesado? Pásele a la fila.

Hasta aquí todo bien para muchos ¿verdad?, ¿quién le entra?, la cuestión es que, lo que parece ser el ideal de pareja, en este caso, involucra una relación obsesiva, controladora, violenta, física y mentalmente. ¿Te sigue interesando? Porque,  quien ha vivido una situación así en la vida real sabe que ni romántica ni excitante. ¿Verdad?

“¿Leíste las Sombras de Grey?¿Ya viste la película?” Escucho frecuentemente estas preguntas, y en respuesta viene: “yo no leo esas cosas”, “predecible”, “cero fan” ,“esperaba más”, “hay historias mejores”; el resto contesta “¡Siiii!” seguido de una mirada de “complicidad”. ¿Te gustó?

La autora británica Erika L. James confiesa haber empezado la Trilogía de las Cincuenta Sombras de Grey con la siguiente premisa: ¿qué pasaría si te sintieras atraído por alguien que practica BDSM y tú no?

BDSM son prácticas sexuales no convencionales,  sus siglas implican Bondage o “atamientos”, Dominación, Disciplina, Sumisión y Sadomasoquismo. Dentro del mundo de la psiquiatría son parte de las parafilias y se considera un trastorno mental. Aún así, algunos se sienten atraídos por experimentar la diferencia, aunque signifique dolor y trastorno. “Si no me pega, no me quiere” ¿Así estamos de enfermos?

La comunidad BDSM parte del supuesto que las prácticas sexuales no convencionales se den de un modo seguro, sensato y consensuado. Es decir, ambas partes están de acuerdo, pueden diferenciar la fantasía de la realidad y los riesgos que se corren son calculados, sin que la vida o la seguridad peligren. De ahí “el famoso contrato” del que tanto habla la historia. Porque en este asunto, lo primordial es el consentimiento. ¿Le firmas?

Así que, la próxima vez que te digan “Aquí está tu Christian Grey” pregunta a qué se refieren específicamente, y pide exactamente lo que quieres, no vaya a ser que acabes colgando con el brazo dislocado, o con el cuerpo todo moreteado, cuando lo que tú esperabas era un viaje en helicóptero o un beso en el elevador.

Cuéntame, ¿tú sabes realmente lo que quieres en una relación? ¿Puedes comunicarlo y respetarlo?