¿Estamos listos para recibir?

¿Estamos listos para recibir?

Por Patricia Martínez Castillo

 

Hoy recibí una lección, en tres experiencias, tres historias: tenía un regalo para alguien muy querido, estaba tan emocionada por dárselo, por que lo disfrutara, lo viviera, sabía que ese regalo podría mejorar su salud, su calidad de vida, una sorpresa, un paquete lleno de luz y bendiciones, me comuniqué para entregarlo, la respuesta que recibí fue “espera”, no tenía tiempo para atenderme. Evasivas, respuestas absurdas, largas, malestar, incomodidad, resistencia, hasta que, por fin, cuando yo estaba a punto de desistir, decidió aceptar lo que, en efecto, le trajo bienestar.

Contraté una nueva empleada, honesta, confiable, eficiente, con iniciativa, estaba tan contenta con su trabajo que decidí decírselo y aumentarle el sueldo, sin que ella supiera empecé a preparar formas de ayudarla a cumplir su sueño para que pudiera dedicarse a lo que sé que le apasiona, Sin embargo, dejó el trabajo sin decir nada, cuando me enteré que nada grave le había sucedido recibí una explicación igualmente absurda.

Le llevé a una amiga, de regalo, algo que sé que esperaba y necesitaba. Lo dejé en su casa, semanas después me dijo que lo había recibido, su respuesta fue ¿cuánto te debo?

¿Te ha pasado algo similar? ¿Tú quieres dar y el otro no está listo para recibir?¿cuando estás listo para ayudar al otro, éste se aleja sin avisar?¿Das y el otro piensa que vas a ¨cobrarle¨ el regalo?

Desconcertada me pregunté qué lección había en esto para mí, y me vino un interrogante: ¿Qué tal si esto es sólo un reflejo de mi actitud?¿Qué tal si es una metáfora de lo que sucede en la vida? ¿Qué tal si todo está disponible y no estamos listos para recibir? me empecé a preguntar ¿ya le dije a Dios que estoy lista para recibir los regalos que mejoran mi calidad de vida? ¿cómo manifiesto el estar lista para recibir?¿me dejo sorprender?¿cuántas respuestas absurdas doy para no recibir las bendiciones que están destinadas para mi?¿cuántas veces pienso que esto es demasiado bueno para ser verdad y en realidad me va a acabar costando?

¿Cuántas oportunidades perdemos por estar mas ocupados en quejarnos, defendernos, victimizarnos?¿Cuántas veces estamos tan ocupados en “pedir” que no estamos listos para recibir?

Estoy en disposición de recibir cuando hago un espacio en mi vida, mi tiempo, mi conciencia, a todas las bendiciones; cuando agradezco lo que soy, hago y tengo; cuando conozco cuál es mi pasión en la vida y decido vivirla plenamente, cuando me abro a dar y recibir y acepto que lo merezco, no por lo que hago sino por lo que soy. Estoy en disposición de recibir cuando dejo de “querer” y “pedir” y me abro a aceptar y vivir.

¿Y tú?¿Estás listo para recibir? ¿O estás muy “ocupado”?

Los recuerdos que fueron enterrados vivos nunca mueren

Seguramente te ha pasado que tienes una discusión muy fuerte la cual te provoca mucho coraje y luego haces lo posible para distraerte para ya no pensar en eso, ya sea ver la televisión, leer un libro, trabajar, etc, haciendo esto para evitar sentir el enojo. Eso simplemente funciona como un paliativo, habrás enterrado viva la emoción. Reprimir no significa resolver. “los recuerdos que fueron enterrados vivos nunca mueren” Karol Truman Si cuando piensas en cualquier evento de tu vida –aunque haya pasado mucho tiempo- te llega un sentimiento desagradable, significa que no fue resuelto y que lo mandaste algún lugar en el interior de ti, sin embargo aún está afectando y se puede manifestar de varias formas como dolencias físicas, bloqueos económicos, problemas en relaciones, etc. Mientras no sea resuelto un evento traumático, la mente la toma como una afirmación que se repite y que se manifiesta en diferentes formas. Te sugiero cuando te surja una emoción, aunque no se sienta agradable, te permitas sentirla en lugar de ignorarla y mientras haces eso que cheques qué pensamientos vienen y procura recordar cuándo te sentiste así por primera vez. Actúa como observador, como si estuvieras viendo una película en blanco y negro de la situación. Posteriormente checa qué lección puedes aprender de ese evento (una vez que obtienes la lección ya no necesitas la experiencia) y perdónate a ti mismo. Existe otro método donde se sanan las emociones llamado El perdón radical, que propone el desafío de transformar por completo nuestra percepción del mundo y nuestra interpretación de los acontecimientos con el fin de dejar de ser víctimas. Cuando descubrí esta poderosa y milagrosa herramienta me sentí bendecida, y, desde entonces lo recomiendo ampliamente.

En el perdón radical llenas un plantilla, una hojita que te va guiando, y al terminar el proceso te regresa la paz y la libertad. En el primer paso reconoces que algo sucedió, sí sucedió y no estuvo bien, sin juzgarte te desahogas escribiendo lo que te molesta, después, como si tuvieras al que te ofendió enfrente, le escribes diciendo lo que te molesta.

En el segundo paso reconoces que debido a lo que te hizo tú estás sintiendo…y haces una lista de lo que sientes.

El estrés regularmente viene de la descalificación que nos hacemos a nosotros mismos por sentir lo que estamos sintiendo, nos han enseñado que no es bueno sentir lo que sentimos y que si lo hacemos somos malas personas. En el perdón radical honramos nuestros sentimientos, tenemos derecho a sentir lo que estamos sintiendo y reconocemos que nadie puede hacernos sentir nada. Somos los dueños de nuestros sentimientos. Las personas que tienden a negar lo que sienten quisieran que este paso desapareciera, sin embargo, es muy efectivo para traspasar el dolor y es sólo el principio.

En el tercer paso colapsamos la historia, ¿qué diferencia hay entre lo que realmente sucedió y lo que interpretamos? ¿cuándo en nuestra vida sentimos lo que estamos sintiendo ahora?¿están estos sentimientos relacionados con nuestras heridas de la infancia?

En el cuarto paso reencuadramos la historia. ¿Qué pasaría si la experiencias de vida que tenemos fueran lecciones de aprendizaje previamente acordadas? ¿qué pasa si esto no me sucede “a mi”, sino que sucede “para mi”?

En el quinto paso integramos el nuevo planteamiento, nos damos cuenta que todo es perfecto tal y como es.
Es una bendición. Inténtalo, tal vez te ayude a sanar física, mental, emocional y espiritualmente.

Entre otras cosas sanarás algún período traumático de tu vida, las relaciones con tus padres y la relación contigo mismo. No es necesario que te acuerdes de lo que pasó para poderlo sanar, ni tampoco compartirlo con un grupo. El mejor sentimiento es el estar en paz con uno mismo, imagínate cómo sería sentirte así y vívelo.

La técnica de la protección con una burbuja

¿Te encuentras en una situación difícil? ¿Estás muy cansado/a? ¿Los problemas te desbordan o una situación te impide seguir adelante? Cuando estés en algunos de estos momentos o similares, practicar un poco de relajación te aportará numerosos beneficios.

La relajación y sus beneficios

La relajación tiene muchos beneficios tanto a nivel físico como mental. Nos proporciona un descanso profundo, mientras va regulando el metabolismo, el ritmo circadiano y la respiración, liberando tensiones, tanto musculares como mentales, acumuladas a lo largo del tiempo. También puede aliviar nuestros dolores de cabeza, el insomnio, reducir los niveles de colesterol, controlar las crisis de angustia, controlar los problemas producidos por la hipertensión, reducir el estrés y alcanzar el equilibrio emocional entre otros. La relajación nos proporciona una intensa sensación de bienestar, calma y tranquilidad. Relajarse es algo indispensable para enfrentarnos a nuestra vida cotidiana, esa jungla llena de miedos, estrés y velocidad.

Técnica de la burbuja rosa

Esta es una de las miles de técnicas posibles que puedes utilizar para relajarte, “La técnica de la burbuja rosa”. Es una técnica muy sencilla de realizar, y a la que puedes acompañar con música relajante y poca luz. Tienes que hacer lo siguiente:

  • Elije una postura cómoda, da igual que estes sobre una silla o en la cama, lo importante es que te encurentres en una posición cómoda, que te permita la relajación total.

 

  • Cierra los ojos y comenza a respirar lentamente, concentrandote en tu respiración, observando como inhalas y exhalas por la nariz, profundamente y con naturalidad. Relájate cada vez más profundo.

 

  • A continuación, imagina algo que te gustaría que se manifestara. Supon que ya ha ocurrido y dibujalo en tu mente con tanta claridad como puedas. Luego, envuelve tu pensamiento con una burbuja de color rosa y coloca tu objetivo en su interior. El color rosa se asocia con el corazón, y si las vibraciones de este color rodean cualquier cosa que se visualices, ésta le aportará solo aquello que esté en perfecta armonía con tu ser.

 

  • El tercer paso consiste en que te desprendas de la burbuja y la imagines flotando en el universo, sin dejar de contener aquello que visualizaste. Esto significa que te liberas emocionalmente de ello para que sea libre y flote en el universo atrayendo y concentrando energía para lograr que se haga realidad.

Personalidades resistentes, personalidades fuertes

“Un campesino tenía una pequeña hacienda donde realizaba tareas agrícolas y cuidaba de algunos caballos. Un día, vino el capataz a informarle que su mejor caballo había caído dentro de un pozo. El hombre se dirigió hacia este lugar y trató, de diferentes maneras, sacarlo de ese lugar. Como no pudo lograr su cometido, no tuvo más opción que echar tierra en el pozo para enterrar al caballo. Cuando estaba haciendo este trabajo, el caballo (demostrando su voluntad de seguir viviendo), no se dejó enterrar. En lugar de ello, aprovechó cada palada de tierra para que el pozo se hiciera menos profundo y así poder salir. Hasta que lo logró”.

   ¿Cuál es la actitud que sueles tomar en la vida?

¿Eres como el caballo que usa la tierra para escalar y salir del pozo o por el contrario, te dejas engullir por las circunstancias? Si tu respuesta inicial fue un “sí”, entonces es porque tienes una personalidad fuerte o resistente.

Aquellos individuos que a pesar de verse en contratiempos y sufrir problemas, tienen la capacidad para mantener la fuerza, salir a flote (o del pozo) y resistir, se caracterizan por tener una personalidad resistente.

La diferencia entre una personalidad fuerte es que puede aceptar de una manera distinta lo que ocurre. Toma fuerzas donde otros ven debilidades y sigue adelante.

Las personas “fuertes” mentalmente tienen varias características en común: son comprometidas, y orientadas hacia lo que desean. De esta manera, pueden no sólo disfrutar de la vida, sino también salir airosas de lo que el destino tiene preparado para ellas.

Y hay más, ya que las personas de personalidad fuerte, pueden sobreponerse más rápido a las adversidades diarias, como el fallecimiento de un ser querido, un divorcio, el desempleo o la falta de dinero.

Si tienes una personalidad fuerte o resistente, como el caballo de la historia, es porque tu poder de compromiso es muy grande. Crees rotundamente en que puedes salir adelante, que cada inconveniente es una lección a tener en cuenta.

Este compromiso, se puede poner en práctica en muchos aspectos y se ve reflejado no sólo en los momentos de dificultades, sino en todos los ámbitos de la vida. Será más fácil ayudar a otros a afrontar lo que les ocurre.

En segundo lugar, una persona “resistente” se siente motivada por lo que puede hacer y dar, de sí mismo.

Y como tercera característica, las personas fuertes asumen retos, no tienen miedo a desencajar o a apostar por algo incierto.

Los cambios son bien vistos, las inversiones (no sólo de dinero) son una buena manera de modificar una realidad que no les gusta y comprenden que los fracasos son, en definitiva, una enseñanza.

¿Crees que tienes una personalidad fuerte y resistente? ¿En qué situaciones cotidianas puedes afirmar esto? Si aún no has cosechado este tipo de personalidad, sólo tienes que cultivar algo diferente. ¡Recuerda que todos podemos mejorar! ¡Sólo hay que proponérselo!

    “La fortaleza no viene de la capacidad física,

    sino de una voluntad indomable”

¡Habla de tus alegrías! Cambia el hábito

¿Qué tal si empezamos hoy mismo ha cambiar algunas pequeñas costumbres? Vamos a empezar el día con el sencillo propósito de hablar únicamente de cosas buenas, de aspectos positivos de tu vida y de este presente que te envuelve ahora mismo.

¿Lo ves complicado? Es posible, puesto que en ocasiones, y aunque nos cueste creerlo, hablar de cosas negativas resulta algo bastante común entre todos nosotros. Común e incluso funcional. “¿Te das cuenta de lo mal que va todo?” “Ya no sé lo que voy a hacer con esta persona, cada vez me hace la vida más imposible”, “Desde luego, tienes razón, a mi pasa lo mismo y cada vez me angustia más”.
Hay veces en que parece que los problemas de unos y los dramas cotidianos de otros, unen sus fuerzas para crear una especie de círculo vicioso donde lejos de propiciar el cambio y una mejora, enquistan aún más realidades. Y esto no es nada saludable.
Hablar de alegrías no es ser egoístas ni cerrar los ojos a las dificultades, en absoluto, es una actitud, una visión más constructiva que nos puede ayudar más en el día a día. Intentemos comprenderlo un poco mejor.

Hablar de alegrías no es ignorar la tristeza

Hablar de alegrías no es ignorar la tristeza. Yo asumo mi realidad, comprendo cada aspecto que me ha hecho daño por dentro, y sin embargo, elijo mirar a la vida con fortaleza y optimismo, porque de ese modo, puedo vivir de un modo más pleno e íntegro. Aportando además, bienestar a quienes me rodean.
“Mirar el lado bueno de las cosas” no es en absoluto el típico slogan de cualquier manual de autoayuda. Es ese apoyo cotidiano en el que dejarnos caer a modo de salvavidas para seguir a flote. Pensemos en ello durante un momento: es posible que muchos de nosotros hayamos pasado momentos difíciles, y que el presente que tenemos ahora mismo, no sea precisamente próspero. No obstante, si yo focalizo mi día a día en la negatividad, no habrá manera de avanzar, no habrá modo de salir de ella.
Y hemos de ir con cuidado, porque la negatividad es como una enfermedad que se adhiere y que asixia, y no solo eso, en ocasiones hasta es contagiosa. ¿Cuántas veces hemos tenido que huir de ese familiar o de ese amigo que nos hacía un listado interminable de sus pesadumbres? Mantener una distancia “higiénica” de estas personas no es ser egoísta, es un sencillo acto de supervivencia.
Focalizar nuestras miras en lo positivo, y hablar de alegrías, nos cauteriza por dentro y a su vez, aportamos positividad a quienes nos rodean. Es posible que en ocasiones cueste, que haya días en que hablar de alegrías sea casi tarea imposible, pero te aseguramos que es un ejercicio realmente saludable, tanto para tu cuerpo como para tus emociones. Las penas duelen, la tristeza ahoga, pero en el negativismo ya hay una dosis de rabia que hiere. Hemos de ir con cuidado.

Las 5 heridas de la infancia que se reflejan cuando somos adultos.

Los problemas vividos en la infancia reflejan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas….

1- El miedo al abandono

 
La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.


Las personas que han tenido experiencias de abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.

La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.
 

2- El miedo al rechazo

 
Es una herida muy profunda, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.

En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.



La persona que padece esta dolorosa experiencia no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior por el miedo de ser rechazado. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.

Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.
 

3- La humillación

 
Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.

El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

4- La traición o el miedo a confiar

 
Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Haber padecido estos problemas en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.

 

5- La injusticia

 
Se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generarrá sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Las consecuencias directas en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.

Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.

Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

Dejar de ser esclavos

“Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos”

(Jiddu Krishnamurti)

Se obediente, estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, mira la tele, consume, y adorna tu casa en Navidad. Y sobre todo: NUNCA cuestiones lo que te han dicho que tienes que hacer.

La sociedad y la tradición, ejercen desde el día que nacemos, una poderosa influencia sobre nosotros. Se nos adoctrina, para obedecer pautas y directrices predeterminadas por la mayoría y para rechazar sistemáticamente ideas nuevas.

Nos desanima formar parte de una cadena de vida prefabricada, pero asociamos con la frustración y fracaso cualquier tentativa de cambio. Detenernos a pensar para cambiar nuestra mentalidad, tomar las riendas de nuestra existencia, nos enfrenta contra nuestro miedo a la libertad.

Gozamos de mecanismos que garantizan la parálisis psicológica de la sociedad

El miedo: cuanto más temor e inseguridad tengamos, más necesitaremos que nos protejan (el Estado, las instituciones, se convertirán en nuestros aliados).

El miedo es una forma tradicional que han tenido los peores dictadores de la historia para perpetuarse en el poder. Intentan hacernos ver que lo que podemos perder siguiendo nuestro juicio es mucho mayor que lo que podemos ganar si decidimos apartarlo y hacer lo que nos dicen.

Una sociedad madura es la que toma conciencia real de los riesgos y los tiene en cuenta la justa medida de los mismos para evolucionar.

El autoengaño: nos mentimos, para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de cambio. Para lograrlo bastará con mirar hacia otro lado, emplear infinitas formas de entretenimiento para evadirnos las 24 horas del día de nosotros mismos, conseguirá que vivamos narcotizados.

La resignación: agotados física y mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando que “la vida que llevamos es la única posible”.

Asumiendo ser víctimas de nuestras circunstancias, utilizamos la arrogancia y el cinismo contra las personas que piensan distinto, para defendernos en caso de sentirnos cuestionados. Y nos rellenamos de escepticismo para justificar una vida de segunda mano. Por último, el mecanismo de defensa más cruel:

La pereza, cuyo significado quiere decir “tristeza de ánimo de quién no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”.

Nadie dijo que fuera fácil, pero para empezar a cambiar sólo hay que dar un primer paso.

Todo sobre los neurotransmisores

Una palabra muy usual en el campo psicológico y siquiátrico, pero que pocas personas realmente entienden. Hoy te lo explicamos de forma fácil y detallada.

Constantemente cuando leemos sobre psicología o psiquiatría vemos la palabra neurotransmisor, pero ¿sabemos a qué se refiere?

Un  neurotransmisor (también llamado neuromediador) es una sustancia química que transmite información de una neurona a otra atravesando el espacio que separa dos neuronas consecutivas (eso se conoce como sinapsis).

Esa sustancia (neurotransmisor) se libera en la extremidad de una neurona durante la propagación del influjo nervioso y actúa en la neurona siguiente fijándose en puntos precisos de la membrana de esa otra neurona.

LOS MÁS IMPORTANTES
Entre los neurotransmisores más importantes tenemos:

· Serotonina: sintetizada por ciertas neuronas a partir de un aminoácido, el triptófano, se encuentra en la composición de las proteínas alimenticias. Juega un papel importante en la coagulación de la sangre, la aparición del sueño y la sensibilidad a las migrañas. El cerebro la utiliza para fabricar la hormona melatonina.

· Noradrenalina: se encarga de crear un terreno favorable a la atención, el aprendizaje, la sociabilidad, la sensibilidad frente a las señales emocionales y el deseo sexual. Al contrario, cuando la síntesis o la liberación de noradrenalina se ve perturbada aparece la desmotivación, la depresión, la pérdida de libido y la reclusión en uno mismo.

Acetilcolina: esta sustancia regula la capacidad para retener información, almacenarla y recuperarla en el momento necesario. Cuando el sistema que utiliza la acetilcolina se ve perturbado aparecen problemas de memoria e incluso, demencia senil.

· Adrenalina: es un neurotransmisor que permite reaccionar en las situaciones de estrés. Las tasas elevadas de adrenalina en sangre conducen a la fatiga, a la falta de atención, al insomnio, a la ansiedad y, en algunos casos, a la depresión.

· Dopamina: crea un “terreno favorable” a la búsqueda del placer y de las emociones así como al estado de alerta. Potencia también el deseo sexual. Al contrario, cuando su síntesis o liberación se dificulta puede aparecer desmotivación e, incluso, depresión.

· Ácido gamma-aminobutírico o GABA: se sintetiza a partir del ácido glutámico y es el neurotransmisor más extendido en el cerebro. Está implicado en ciertas etapas de la memorización siendo un neurotransmisor inhibidor, es decir, que frena la transmisión de las señales nerviosas. Sin él las neuronas podrían -literalmente- “embalarse” transmitiéndonos las señales cada vez más deprisa hasta agotar el sistema. El GABA permite mantener los sistemas bajo control. Su presencia favorece la relajación. Cuando los niveles de este neurotransmisor son bajos hay dificultad para conciliar el sueño y aparece la ansiedad.

EFECTOS DE LOS NEUROTRANSMISORES
El enojo, la ira, la alegría y otros estados de ánimo pasan por el bajo o alto nivel de los neurotransmisores.

Así, entre los efectos más comunes tenemos que:

· Alto nivel de serotonina: causa calma, paciencia, control de uno mismo, sociabilidad, adaptabilidad y humor estable. Los niveles bajos, en cambio, hiperactividad, agresividad, impulsividad, fluctuaciones del humor, irritabilidad, ansiedad, insomnio, depresión, migraña, dependencia (drogas, alcohol) y trastornos alimenticios.

· Alto nivel de dopamina: se relaciona con el buen humor, espíritu de iniciativa, motivación y deseo sexual. Los niveles bajos con depresión, hiperactividad, desmotivación, indecisión y descenso de la libido.

· Alto nivel de adrenalina: provocan claro estado de alerta. Un nivel bajo al decaimiento y la depresión.

· Alto nivel de de noradrenalina: dan facilidad emocional de la memoria, vigilancia y deseo sexual. Un nivel bajo provoca falta de atención, escasa capacidad de concentración y memorización, depresión y descenso de la libido.

· Alto nivel de GABA: potencian la relajación, el estado sedado, el sueño y una buena memorización. Y un nivel bajo, ansiedad, manías y ataques de pánico.

· Altos niveles de acetilcolina: potencian la memoria, la concentración y la capacidad de aprendizaje. Un bajo nivel provoca, por el contrario, la pérdida de memoria, de concentración y de aprendizaje.

Las buenas personas están hechas de acero inolvidable

Son esas personas que te abrazan y recomponen tus partes rotas. Con las que has recorrido la vida. Las que te han enseñado por las buenas. Las que te han mostrado el mundo como un lugar maravilloso en el que vivir. Pero, sobre todo, las buenas personas son por las que cada día coleccionas motivos por los que merece la pena esforzarse y ser feliz.

No son prepotentes ni paternales sino que, al contrario, son personas pacientes. Porque la paciencia es la virtud que enmarca la capacidad de dar libertad y margen de error a las personas que tenemos delante.
El arte de la bondad es un bien escaso, pero quizás más común de lo que creemos. No todos somos buenos y malos en nuestra totalidad, pues en nuestro interior damos cabida a todo. Además, esto generalmente depende del cristal desde el que se mire.

Sin embargo, hay ocasiones en las que nos tropezamos con personas que no están corrompidas por la sociedad y sus intereses, y que son incapaces de hacer daño a una mosca. Puedes reconocerlas fácilmente, pues desde que las conociste eres mejor persona, te han fortalecido y han enriquecido tu interior.

La bondad auténtica es tener el valor de salir en defensa de lo que está bien

Estas personas tienen un sentido justicia y del bien que es especial. Sus palabras siempre son esperanzadoras y, si tienen que elegir, te darán una lección de vida.
Son personas íntegras que van más a allá de las obligaciones morales y siempre tienden su mano para ayudar. Hacen lo correcto aunque nadie esté mirando y eso es lo que las hace valiosas.

Están hechas de otra pasta, de acero inolvidable.

La gente buena es sabia porque, de forma consciente o inconsciente, entiende de lo que se trata: lo que hacemos por los demás lo hacemos por nosotros mismos.

La mejor forma de compensar a una buena persona es a través de la gratitud. Estas personas son conscientes de que, de una u otra forma, lo que le das a la vida es lo que la vida te devuelve.
Nos duele especialmente que la vida les haga daño, pues en nuestro ideal de mundo justo no concebimos que esto tenga que pasar. Sin embargo, hay una gran parte de buenas personas que lo son precisamente a raíz de estos golpes.

Las peronas más bonitas que conozco son las que se han enfrentado a la vida, a su dureza y a su injusticia. Son las que se han sentido vulnerables y sin esperanza, las que han sufrido en su piel verdaderos desgarros y problemas.

La gente bella no es necesariamente la más linda por fuera pero disfrutan de una belleza especial. Son personas bonitas las que han sabido perdonar, seguir hacia adelante y tender una mano aunque les acompañase la derrota, descubriendo así la grandeza de su ser.

Gracias a todas esas personas bonitas que nos dan tanto sin esperar nada a cambio. 

Su valor es incalculable.

Para qué sirven las emociones

 

 

 

 

 

 

Las emociones pueden jugar un papel importante en nuestra forma de pensar y de comportarnos.

Nuestras emociones pueden ser de corta duración (como una molestia repentina ante una circunstancia molesta) o de larga duración (como la tristeza de perder a un ser querido).

Pero, ¿qué son las emociones? ¿qué es exactamente lo que experimentamos con ellas?¿para qué sirven? ¿qué papel cumplen? A continuación, lo contamos.

¿Qué son las emociones?

Saber qué son las emociones nos ayudará a entender mejor su función.

Según la definición de  Hockenbury y Hockenbury (2007), una emoción es un estado psicológico complejo que involucra tres componentes distintos: una experiencia subjetiva, una respuesta fisiológica y un comportamiento o respuesta expresiva.

En un acercamiento más complejo, Salovey y Mayer (1990) definen la emoción como un conjunto de metahabilidades que pueden ser aprendidas y estructuran el concepto en torno a cinco dimensiones básicas referidas a:

-El conocimiento de las propias emociones

-La capacidad de autocontrol

-La capacidad de automotivación

-El reconocimiento de las emociones de los demás

-El control de las relaciones

La función de las emociones

Nos motivan a tomar medidas

Antesi tuaciones estresantes, las emociones nos ayudan a tomar una decisión que nos permita superar ese estrés, para hacer algo para mejorar la situación.
En situaciones de emociones positivas, dichas emociones ayudan a minimizar la probabilidad de sentir emociones negativas. Además, las emociones ayudan a evitar situaciones que podrían potencialmente conducir a estados negativos.

Nos ayudan a sobrevivir, a prosperar y a evitar el peligro

Charles Darwin creía que las emociones son adaptaciones que permiten a los seres humanos y animales, sobrevivir y reproducirse.

Cuando estamos enojados, estamos propensos a enfrentar la fuente de nuestra irritación. Cuando experimentamos miedo, somos más propensos a huir de la amenaza. Cuando sentimos amor, podríamos buscar a un compañero y reproducirnos. De esta manera, las emociones juegan un papel adaptativo en nuestras vidas, y eso es lo que  nos motiva a actuar con rapidez y a tomar acciones que maximizarán nuestras posibilidades de supervivencia y éxito.

Pueden ayudarnos a tomar decisiones

Además de motivarnos aa tomar desiciones las emociones también nos ayudan a elegir. De hecho, nuestras emociones tienen una gran influencia en las decisiones que tomamos.

Los investigadores también han encontrado que las personas con ciertos tipos de daños cerebrales, que afectan a su capacidad de experimentar emociones, tienen una menor capacidad para tomar buenas decisiones . Incluso en situaciones donde creemos que nuestras decisiones se guían exclusivamente por la lógica y la racionalidad, las emociones juegan un papel clave.

Se ha demostrado que la inteligencia emocional, en cuanto que refleja nuestra capacidad de comprender y manejar las emociones,  desempeña un papel importante en la toma de decisiones.

Permiten que otras personas nos entiendan

Cuando interactuamos con otras personas, la emociones nos permiten enviar señales de cómo nos sentimos para que los demás lo entiendan. Estas señales, pueden incluir la expresión emocional a través del lenguaje corporal o la manifestación verbal explícita, que aclare lo que sentimos.

Nos permiten comprender a los demás

Así como nuestras propias emociones proporcionan información valiosa a los demás, las expresiones emocionales de los que nos rodean nos dan una gran cantidad de información social.

La comunicación social es una parte importante de nuestras vidas y relaciones diarias, y ser capaz de interpretar y reaccionar ante las emociones de los demás es esencial. De esta forma podemos responder de manera adecuada y construir relaciones más profundas en diversas situaciones sociales.
Las emociones sirven para una amplia variedad de propósitos, como hemos visto. Y pueden ser fugaces, persistentes, potentes, complejas… pueden incluso cambiarnos la vida.

Además, nos pueden motivar a actuar de determinada manera y nos dan las herramientas y los recursos necesarios para interactuar de manera significativa en nuestros mundos sociales. Aprender a identificarlas y a manejarlas, marcará la diferencia en nuestra forma de ser y de relacionarnos.