La ley del karma

fluirokTodo surge en dependencia de ciertas condiciones y nada tiene una esencia fija y básica; tampoco nosotros. Lo que somos ahora es el resultado de las condiciones de nuestro pasado. Lo que seremos en el futuro estará determinado por las condiciones del presente y uno de los factores determinantes principales de lo que seremos en el futuro es nuestro comportamiento actual.
Nuestros actos determinan lo que somos. Esta premisa hace posible una vida espiritual. Al empezar a cambiar nuestro comportamiento también comenzamos a hacernos diferentes. Ésta es la raíz de toda creatividad. No estamos predestinados a repetir las pautas de comportamiento del pasado, volviendo a ser la misma persona una y otra vez, sino que podemos convertirnos en una nueva persona. Cada instante de la vida presenta una serie infinita de posibilidades.

La ley del karma
La forma en que configuramos nuestra personalidad, es decir, lo que somos, está determinado por la clase de karma que tenemos, o sea, por los actos de voluntad. Se suele pensar erróneamente que el karma es una forma de retribución universal divina. Sin embargo, muy al contrario, la ley del karma sólo sugiere que las acciones acarrean consecuencias inevitables. Se trata, sencillamente, de una extensión de la doctrina fundamental de la coproducción condicionada.

Cinco clases de condicionalidad:

Según el Attahasalini sutta, uno de los primeros tratados, existen cinco clases distintas de condicionalidad o niyamas, cuyo estudio arrojará algo de luz al concepto budista de karma.
La primera clase y la más importante es la condicionalidad “física inorgánica”, que comprende todas las leyes que determinan la manera en que funciona la materia a nivel inorgánico, es decir, todas las leyes de la física y la química.
El siguiente nivel, un tanto superior, es el “físico orgánico”, que abarca todas las leyes de las ciencias biológicas.
Luego tenemos el nivel “psicológico”, Citta Niyama en el que se sitúan todas las leyes que rigen el funcionamiento involuntario e instintivo de la mente. Por ejemplo, el hecho de retirar la mano al tocar un hierro candente constituye una muestra del funcionamiento de esta clase de condicionalidad.
Después esta el nivel “kármico”, Kamma Niyama que engloba todas las leyes que gobiernan la forma en que la actividad volitiva afecta a la conciencia.
Finalmente encontramos el nivel “dhármico”, que describe lo que podríamos denominar también como condicionalidad “trascendental”, una clase que experimentan los miembros de la arya sangha. Como este nivel de condicionalidad sólo nos afecta en la medida en que nos relacionamos con esos seres ilustres e, incluso, en ese caso no podríamos percibirlo, lo dejaremos fuera de consideración.
El énfasis occidental y el oriental
Tenemos nociones de los tres primeros niveles de condicionalidad (la física inorgánica, la física orgánica y la psicológica) desde la época escolar, cuando realizábamos prácticas en el laboratorio, provocando explosiones o haciendo competir a los ratones en un laberinto. En Occidente hemos penetrado con más profundidad en estas áreas de conocimiento que cualquier otra cultura en la historia. En cambio, sólo tenemos una conciencia muy rudimentaria, incluso primitiva, de la dimensión kármica o ética de la vida. A diferencia de lo que acostumbramos a considerar los occidentales, la vida budista se basa, quizá por encima de todo, en un conocimiento de la dimensión kármica de la coproducción condicionada, pues el núcleo principal de esta doctrina radica en la posibilidad de cambiar las pautas de comportamiento.
Lo que cuenta es la intención
La esencia de la ética budista reside en el hecho de que el comportamiento condiciona al ser. Sin embargo, no sólo importan nuestros actos. El estado mental que nos impulsa a obrar es crucial. La ética budista es una ética de intención. Los actos en sí mismos son neutrales. Lo que importa es el estado mental, la voluntad que se esconde detrás de la acción. El budismo no habla en términos de correcto o incorrecto, bueno o malo, sino que trata de intenciones positivas o negativas. La voluntad positiva, basada en la generosidad, el amor y la claridad, produce resultados positivos desde el punto de vista kármico, nos aleja del engaño y nos conduce hacia la iluminación. La voluntad negativa, basada en la codicia, el odio y la ignorancia espiritual nos mantiene en el samsara, girando en una rueda infinita de dependencia repetitiva y habitual.
Moralidad natural y moralidad convencional
El budismo distingue entre “moralidad natural” y “moralidad convencional”. Esta última se compone de una serie de normas y costumbres que surgen del grupo en que se aplican. Varia según el lugar o la época. Por ejemplo, algunas culturas practican la poligamia, que es condenada por otras. Los cristianos comen cerdo sin ningún problema, mientras que los musulmanes y los judíos lo encuentran repugnante. La moralidad convencional aparece, por lo general, como respuesta a ciertas circunstancias sociales concretas, pero suele sobrevivir después de ellas. Por ejemplo, aunque ya no existen razones higiénicas para rechazar la carne de cerdo, en Jeddha o Jerusalén aún resulta difícil encontrarla en las carnicerías.
Actos hábiles o torpes
La moral natural se basa en los hechos de la psicología humana y el funcionamiento de la ley del karma. Juzga las acciones como positivas o negativas, no a partir de los puntos de vista o las costumbres del grupo, sino por su capacidad de generar resultados espirituales beneficiosos. Los actos positivos, que nos alejan del samsara nos aportan una expansión, una claridad y una felicidad mayor y, por lo tanto, menos egocentrismo. Los actos negativos, que refuerzan el sentido del ego, conducen a la limitación al unirnos al samsara. En resumen, los actos se juzgan como positivos o negativos en función de su capacidad para acercarnos a la iluminación o alejarnos de ella.

¿Conoces los tipos de autoestima?

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La autoestima es un factor muy importante si queremos lograr nuestro bienestar. Además, la autoestima será clave para relacionarnos con nuestro entorno de una forma positiva y sana. Pero, a pesar de esto, no todos tenemos la misma autoestima.Han descubierto que existen 2 tipos de autoestima que nos pueden definir. Esto no quiere decir que nos podamos encasillar en un solo tipo de autoestima, pues bien sabemos que a veces nos sentimos más eufóricos y otras veces más depresivos. Todo depende de lo que esté pasando en nuestra vida.Pero sí puedes saber cuál es el tipo de autoestima que predomina en ti. ¿Cuál es la que más veces aflora?

 Autoestima alta

Las personas con este tipo de autoestima se aceptan y se valoran a ellas mismas. Es una autoestima que se conoce como positiva, pues logra hacer que la persona llegue a estar satisfecha con su vida. ¿Esto implica que no habrá barreras y muros que saltar? En absoluto, pero la confianza en uno mismo y la valentía de enfrentarse a los problemas que puedan surgir hacen que todo sea mucho más fácil.

“Las personas con alta autoestima no se sienten superiores a los demás; no buscan probar su valor comparándose con los demás. Disfrutan siendo quienes son, no siendo mejor que los demás”

(Nathaniel Branden)

Creer en uno mismo, confiar en tu persona es lo que caracteriza a las personas que poseen este tipo de autoestima. Pero esto no las hace arrogantes, ni se sienten mejor que nadie. Solamente tienen la seguridad necesaria para evitar que las circunstancias y los acontecimientos negativos las desestabilicen.

Pero, dentro de esta autoestima alta, existen las personas que sí se pueden ver desestabilizadas. Es decir, no son capaces de mantener esta autoestima alta de forma constante.

¿Qué caracteriza a estas personas que pecan de inseguridad? La actitud agresiva o pasiva, la negativa a aceptar otros puntos de vista, etcétera… Sobre todo, esto sucede en contextos competitivos en los que la inseguridad se vuelve algo imposible de enfrentar.

 Autoestima baja

Las personas que poseen una autoestima baja son contrarias a las de autoestima alta. No se valoran, no confían en sus posibilidades y la inseguridad que puedan sentir se traslada a casi cualquier situación. El miedo al fracaso es algo que atormenta y bloquea a las personas con muy baja autoestima. Son el ejemplo de las personas infelices.

“La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir, yo me siento tan abajo que en vez de subir bajo al otro”

(Papa Francisco)

Las personas con una autoestima baja tienen momentos de euforia en los que todo les va bien, pero cuando las cosas se empiezan a torcer su autoestima baja muy rápido. Son personas muy influenciables y sensibles, que suelen mostrar su opinión, pero sin defenderla.

Existen algunas personas dentro de este tipo de autoestima que no son tan inestables, es más, su problema es la indecisión. Confían tan poco en ellas mismas, se infravaloran y tienen tanto miedo a equivocarse que continuamente creen que no están a la altura de las circunstancias.

¿Qué tipo de autoestima es más habitual en ti?

Piensa que de una autoestima inflada o baja es difícil escapar, pero si estás entre las personas que tienes una autoestima alta, aunque peques de inestabilidad en algunas ocasiones ¡felicidades! Estás mucho más cerca de lograr la felicidad y la satisfacción con la vida que tan dichosa te hará.

 

Amar de forma consciente

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Amar de forma consciente es querer con el corazón y la mente abierta, es ofrecer madurez a la vez que enriquecimiento personal. Son muchos los que a día de hoy solo saben ofrecer ese amor inconsciente que busca dominar, y poseer.

Que alguien sienta celos a cada instante no significa que te quiera más, ni  tampoco te mostrará más amor aquel que pone muros a tu mundo para hacerte cautivo de sus necesidades emocionales y sus vacíos.

El amor consciente favorece el crecimiento personal, respeta y sabe alimentar cada día un amor sencillo que se nutre de las pequeñas cosas. Hablemos hoy sobre ello.

Amar sin apegos para ayudarte a crecer

Empezaremos aclarando en primer lugar qué entendemos por la palabra “apego”. En psicología este término tiene una importancia vital. Todo niño, por ejemplo, necesita del apego de sus padres para crecer con seguridad sabiéndose querido, atendido y amado. Es un modo de fortalecer el “vínculo” del que nos habla Donald Winnicott.

Ahora bien, hay que saber que existen apegos saludables y apegos tóxicos. Pensemos por ejemplo en “los niños burbuja” criaturas sobreprotegidas a quienes los padres impiden poder avanzar con madurez, por miedo a que les ocurra algo, por temor a que se alejen de su lado y queden en soledad. Estos, son ejemplos de apegos dañinos que nos impiden crecer como personas libres y capaces.

Pensemos ahora en esa vertiente más espiritual, ahí donde caemos a menudo en la necesidad de apegarnos firmemente a lo material, a esos bienes físicos de los que dependemos, hasta tal punto que si no disponemos de determinadas cosas, sufrimos.

Los apegos, en su mayoría, nos hacen prisioneros. Si yo ejerzo un apego intenso sobre mi pareja, me obsesionaré en saber dónde se encuentra a cada instante, dudaré de sus palabras temiendo ser traicionada/o en algún momento, y lo que es peor, veré a esa persona como el centro de mi universo olvidándome de mí mismo.

Los apegos obsesivos son cárceles emocionales y prisiones para nuestra alma. Aferrarnos de forma inconsciente a nuestras parejas genera sufrimiento, hasta el punto de que muchos llegan a olvidar su identidad solo por centrar todo su mundo en esa persona. No seas cautivo del amor ni hagas prisioneros, construye vida, enriquece momentos favoreciendo siempre tu crecimiento y el de aquel o aquella que está a tu lado.

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Claves para construir un amor consciente y sin apegos

Sabemos que para algunos no es fácil conseguirlo, porque en realidad, es muy difícil controlar ese amor que nos empuja y nos arrastra por mareas increíbles, amores que quitan el aliento y nos hacen querer con los ojos cerrados y el corazón encendido.

No obstante, es necesario que aprendamos a mantener el equilibrio, a construir un amor cotidiano que se enriquece de los detalles humildes y de las emociones sinceras que se ofrecen con altruismo, sin esperar nada a cambio. Te damos unas claves sencillas:

  •     Amar sin apegos es querer sin depender. No pongas tu felicidad en el bolsillo de la otra persona, no construyas toda tu realidad alrededor de la persona amada. Construye también tu universo sintiéndote una persona completa, madura y que se ama a sí misma. Si dispones de una buena autoestima sabrás hacer felices a los demás. Si tu alma está llena de carencias y de vacíos, querrás que los demás los “llenen” o te satisfagan, entonces también “harás prisioneros”.
  •     No te obsesiones en buscar a la pareja ideal. Conviértete tu primero en tu propio ideal, en ese alguien que se siente orgulloso de sí mismo, alguien con quien vale la pena compartir una vida.
  •     Para amar sin apegos debes permitir que la otra persona logre sus aspiraciones, que te vea como un acompañante en ese sendero que van a construir entre los dos. Todo ello se consigue mediante la confianza, la complicidad y el respeto.
  •     El amor consciente es el que se ofrece con los ojos abiertos y el corazón protegido, es seguir siendo dos construyendo una unidad en común, sin egoísmos, sin manipulaciones ni chantajes emocionales.

Madurez es lo que alcanzo cuando ya no tengo la necesidad de culpar a nada ni a nadie de lo que me sucede

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No hay problema tan malo que un poco de culpa no pueda empeorar.

(Bill Watterson)

¿Recuerdas cuando eras niño? La infancia es una época maravillosa y es por ello que a menudo volvemos la vista atrás con nostalgia. Es el período en que estamos descubriendo el mundo y, a la vez, sentimos la seguridad que nos proporciona el cuidado de los adultos.

En la infancia y la primera juventud, son nuestros padres o cuidadores quienes se encargan de protegernos, de suplir nuestras necesidades y, no menos importante, de tomar las decisiones por nosotros. Es por eso que crecer es una experiencia agridulce; lo cierto es que perdemos en comodidad y seguridad, pero ganamos algo infinitamente valioso: libertad.

Con el paso de los años, progresivamente tomamos las riendas de nuestra propia vida. Lo más inmediato es que trabajamos para hacernos cargo de nuestras necesidades básicas, pero hay otros aspectos de los que también tenemos que aprender a responsabilizarnos: nuestros lazos afectivos, por ejemplo, o nuestra salud mental.

Es la forma en que manejamos esta responsabilidad donde radica la diferencia entre crecer y madurar. El tiempo pasa inexorablemente y todos crecemos, pero la forma en que nos responsabilizamos de nuestras emociones es lo que determinará que podamos decir que, además madurar es aprender a buscar soluciones en vez de buscar culpables.

Tomar decisiones implica experimentar emociones relacionadas con el miedo a equivocarnos y la incertidumbre. Tanto es así que a veces nos bloqueamos y nos cuesta elegir un camino u otro.

Pero lo cierto es que todos vamos a equivocarnos, porque cometer errores es parte del proceso de aprendizaje. ¿Recuerdas cuando estabas aprendiendo a sumar en el colegio? Al principio, hacer las cuentas era muy complicado y cometíamos muchos fallos, pero, con la práctica, sumar se convierte una habilidad básica.

Asumir que nos hemos equivocado conlleva un complejo proceso de reflexión y análisis de los hechos, y es por ello que a veces es más fácil buscar razones externas que justifiquen nuestros errores. Aquí es donde entra en juego la culpa. A menudo, cuando encontramos obstáculos o tenemos un problema, nuestra mente se afana en buscar culpables.

Tanto es así que en ocasiones, incluso cuando tropezamos con un objeto inanimado, le echamos la culpa de estar por en medio. ¿Nunca te ha pasado? Vas andando distraído por el pasillo y chocas contra un juguete que no debería estar ahí, haciéndote daño justo en esa parte tan dolorosa de la punta de los pies. Sin pensarlo, te escuchas a ti mismo criticando al “maldito juguete”.
Es natural, la frustración busca culpables.

Pero ¿qué pasa cuando el obstáculo con que nos encontramos es algo más importante que un juguete en medio del pasillo? Puede que suspendas repetidamente un examen para el que creas estar preparado o que no te hayan renovado el contrato en el trabajo, que tengas problemas para hablar con tu pareja o que tu padre se enoje contigo cuando expresas tu opinión.

Si no reflexionamos, si nos dejamos llevar por las emociones, la culpa es algo que aparece con luces de neón en nuestra mente. Puede que echemos la culpa a los demás, a la circunstancias e incluso a nosotros mismos. Pero, párate a pensar: ¿en qué nos ayuda la culpa?

Cuando culpamos a otros o a nosotros mismos por lo que nos sucede, estamos centrándonos en emociones y actitudes negativas: nos invade la ira o la frustración, sentimos tristeza o rencor, pero no avanzamos. En resumen, somos infelices.

Sin embargo, si atravesamos esas emociones negativas y llegamos al otro lado, nos daremos cuenta de que más allá de quiénes o qué sean los culpables, existe algo mucho más útil: emprender una acción que nos ayude a cambiar la situación. Si buscamos soluciones, estaremos mandándonos a nosotros mismos el mensaje de que, sea lo que sea lo que ha fallado, podemos tratar de arreglarlo y vamos a trabajar en ello.

Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.

Miguel de Unamuno

Las mejores personas son las que no saben que lo son

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Cuando hablo de “mejores personas” no me refiero a “especies” exclusivas, únicas. Simplemente, a personas que han aprendido a desarrollar la capacidad de afrontar todo tipo de situaciones, que tienen eso que le llamamos ACTITUD, y de alguna forma trabajan en fortalecerla y convertirla en una actitud positiva. Eso es lo que principalmente las hace ser tan especiales.

De hecho, ellas no son perfectas, también se equivocan y cometen errores, pero tienen el valor de levantar la cabeza y mirarte a los ojos, y decir “lo siento”, buscan su espacio para recuperarse y de ese modo, hacer todo lo posible para todo sea mejor que antes, aunque saben que es difícil, aún así lo intentan.A pesar de saber que pueden encontrarse con un portazo en la cara.

Sienten miedo, se enfadan, se entristecen, lloran, maldicen, muerden el polvo, pero la diferencia, es su capacidad de “amanecer”. Saben perdonar, decir adiós a los malos recuerdos, seguir hacia delante, sonreír, empatizar, dar… y sobre todo tender una mano, descubriendo así la grandeza de su ser. Y es que sin ninguna duda, la valentía para levantarse del suelo tras una caída en el camino, confiere una belleza especial que eclipsa lo superficial, lo trivial y esas pequeñeces que tan importantes en muchas ocasiones nos parecen, y hacen que nos quejemos constantemente. Las mejores personas impiden que el sufrimiento les quite de forma prematura la vida y no quieren hacer de lo ocurrido su pesar.

Aprenden a ser conscientes de que si les sobreviene un problema, existe una gran infinidad de maneras de afrontarlo. Y son extraordinarias! porque hubo un día que perdieron algo importante que les otorgó la vida, tocaron fondo, perdieron la sonrisa, la alegría e incluso se plantearon el abandonar y se cuestionaron “para qué seguir”, pero miraron en su interior y supieron encontrar un motivo, aprendieron a ver sus heridas con valor, tomaron el poco aliento que les quedaba y sacaron las mínimas fuerzas que tenían (un impulso); supieron reponerse, levantarse y seguir caminando.

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Aprendieron a ver sus heridas con valor. ¡Resurgieron! Porque la vida, a veces suele ser parecernos dura, pero las mejores personas saben también nos sorprende y nos regala sueños que no quedan en el fondo de un cajón, que cada mañana, al abrir los ojos tenemos la oportunidad de convertirlos en realidad. Las mejores personas son capaces de sacar la mejor parte de nosotros, nos ayudan a levantarnos cuando caemos, y nos perdonan. Ellas nos empujan a superar nuestros límites para llegar a dónde no hubiéramos esperado nunca, de hacernos creer que el juego no ha terminado todavía. Nos sacuden, nos enseñan a dónde ir, pero sobre todo nos demuestran que suceda lo que suceda, están ahí para nosotros, sin importar si llueve o hay sol, si hemos vencido o hemos perdido, si hemos conquistado el mundo o si nadie más se da cuenta de nuestra existencia.

Pienso que las mejores personas, aquellas que verdaderamente merecen la pena, son aquéllas que desgraciadamente se pierden detrás de amores imposibles, que se apasionan por alguien que no las amará nunca. Y si alguien llega a sus vidas, no creen tan fácilmente en el primer “Te amo” porque saben que el amor no es para todos, saben que no todos saben y están dispuestos a amar de verdad. Ellas no se dejan impresionar por los cumplidos, por sexo, o por grandes detalles, porque saben que las grandes cosas todos las recuerdan, en cambio son los pequeños detalles los que para ellas cuentan.

Las mejores personas se enamoran por motivos absurdos, porque al contarlos, sonríen. Creo que las mejores personas sufren mucho para ser lo que son y no perder su esencia.

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Las mejores personas son difíciles de explicar, porque realmente son gente común, son los que encuentras por la calle y te saludan con una sonrisa, te miran a los ojos y no bajan la mirada. Probablemente son las que te secuestran el corazón y lo llevan cerca de ellas sin que tú tampoco te des cuenta. Las mejores personas son las que no saben que lo son, y es precisamente por ésta razón. Todos hemos padecido y tenemos contratiempos. La clave está en aprender de ellos, madurar, y afrontar.

Las mejores personas no son las que regresan. Las mejores personas no parten nunca.

Como influyen los conflictos emocionales a tu cuerpo

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La mente y el cuerpo se relacionan, una úlcera de estómago puede ser producida por estrés, se te puede caer el cabello por la misma razón.

Se trata, entonces de encontrar dónde está el conflicto en la mente de la persona y en su campo emocional y resolverlo para que la enfermedad deje de existir.

El ser humano es una computadora biológica.

Se puede considerar al ser humano como una computadora (porque funcionamos con programas) biológica (porque tenemos un cuerpo biológico). Esta computadora biológica utiliza los 5 sentidos para desenvolverse en nuestra realidad e interactuar con ella. Tenemos la vista, por ejemplo, que recoge apenas un 0,05% de todo el espectro electromagnético. El tacto, por otra parte nos da una idea que realmente es una fantasía: no existe la materia sólida tal y como la imaginamos.

Todo en el universo son campos de fuerza que interactúan, nada se toca con nada, básicamente porque no existe eso que llamamos materia como tal (todo está compuesto de espacio vacío). Y así con todos los sentidos… Lo que realmente ocurre es que nuestros sentidos recogen unas señales electroquímicas y electromagnéticas, las llevan por el sistema nervioso al cerebro, y allí hacemos una INTERPRETACIÓN de dichas señales y nos montamos una película concreta. Hay estudios psicológicos que demuestran que, de la información que recogen nuestros sentidos, añadimos y quitamos cosas para que puedan encajar con nuestras CREENCIAS (programas). Por ejemplo, si alguien nos cae mal y nos dice algo, aunque sea algo totalmente correcto o neutro, tomamos esa información y la pasamos por nuestros filtros (prejuicios) e interpretamos algo totalmente diferente del mensaje inicial, algo que nos reafirma en nuestras creencias sobre esa persona. Y así vamos por la vida, ajustando toda la información que recibimos en base a nuestras creencias (programas) en el fondo inconsciente. Intentemos describir que es un ser humano atendiendo a sus estructuras, desde las más densas hasta las más sutiles:

Cuerpo Físico. Es la parte más densa del ser humano; lo que conocemos como cuerpo material. Aquí están los huesos, músculos, vísceras, glándulas endocrinas, sistema nervioso, sistema circulatorio, ligamentos, cabello, etc.

Cuerpo Energético. Es una parte del ser humano mucho menos densa que la parte material. Es un entramado de circuitos (meridianos de acupuntura, nadis) por el que circula la energía que se conoce como chi, ki, prana, etc. Según las culturas. Esta energía es la que da vitalidad a su contraparte material y además mantiene unida la materia al hacer de molde de ésta.

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El cuerpo energético sobresale unos pocos centímetros del cuerpo físico y lo interpenetra de manera que toda parte orgánica material tiene una contraparte energética que lo anima y lo conforma, ocupando el mismo espacio. Si a una persona le quitan la vesícula biliar por problemas de salud a nivel digestivo, su contraparte energética podría seguir activa de manera que podría empezar a padecer dolores de cabeza por una mal función de ese órgano que energéticamente aún permanece en el cuerpo. Algo parecido su ede cuando seguimos sintiendo el dolor de una extremidad amputada, fenómeno conocido como dolor del miembro fantasma.

Cuerpo Emocional. Es un cuerpo más sutil (menos denso) que el cuerpo energético. Espacialmente hablando, se extiende mucho más allá del cuerpo energético y ya no tiene un contorno fiel al cuerpo físico, sino que es ovoide. Al igual que el cuerpo energético, también interpenetra a los 2 anteriores llegando hasta la última célula del cuerpo físico. En este cuerpo se gestiona la energía emocional.

Cuerpo Mental. Es un cuerpo todavía más sutil que el cuerpo emocional. Se extiende más allá del límite del cuerpo emocional y su forma es también ovoide. Al igual que los anteriores, también interpenetra a los demás cuerpos. Este cuerpo gestiona la energía mental: ideas, pensamientos, creencias.

Cuerpo Espiritual. Este cuerpo es un conglomerado de varios otros cuerpos cada vez más sutiles y más expandidos, que por resumir y por la dificultad de la mente humana para conceptuarlos, lo llamamos cuerpo Las energías que se gestionan en este cuerpo, son las más sutiles que puede haber. El conjunto de todos estos cuerpos sutiles (radiación electromagnética de diferentes grados frecuenciales) que envuelven al cuerpo físico es lo que conocemos como AURA.

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Incluso en laboratorio se puede comprobar la existencia de campos electromagnéticos que rodean al cuerpo físico a 3 metros de distancia como es el caso del campo electromagnético cardíaco. Todos estos diferentes cuerpos se intercomunican entre sí, los cuales producen CENTROS ENERGÉTICOS (hay 7 principales situados en la columna vertebral y secundarios y menores) donde confluyen las diversas energías que nos conforman, y acaban comandando las glándulas más importantes del cuerpo físico y los plexos nerviosos cercanos.

De esta manera, un pensamiento de traición puede alterar la fisiología de una manera muy precisa cambiando instantáneamente a través de alguna glándula la bioquímica del cuerpo. Una emoción como el miedo puede provocar otro tipo de respuesta fisiológica muy precisa y diferente También se sabe que en el cuerpo humano hay sustancias que actúan como semiconductores y superconductores, de manera que todo el cuerpo está a tiempo real “informado” de todo lo que pasa en cualquier punto del mismo.

De la misma manera que los diferentes virus y bacterias que tenemos en el cuerpo (cuando todo está en equilibrio) se ubican por resonancia en sitios muy precisos y no en otros, los conflictos que tenemos a nivel mental y emocional, que afectan al cuerpo físico de una forma selectiva atendiendo al tipo de conflicto que se tiene. Básicamente se trata de que un conflicto que a nivel mental o emocional no lo podemos gestionar adecuadamente y para nosotros es un problema importante, nuestra biología activa programas inconscientes como solución biológica a aquello que está en la mente o en el cuerpo emocional.

Realmente, todo aquello a lo que llamamos enfermedad, es una solución que toma el cuerpo físico ante algo que se crea en nuestro inconsciente. De manera que cuando nos sucede algo en el cuerpo, mientras tomamos otro tipo de medidas paliativas, deberíamos preguntarnos PARA QUÉ mi cuerpo ha tomado esa resolución. Quizás así podríamos llegar al origen de lo que nos pasa y ponerle solución. Si conseguimos hacer cambios a nivel inconsciente de manera que, lo que antes era un conflicto para nosotros ya no lo sea, la enfermedad deja de tener sentido y desaparece. Acércate a descodificar tu síntoma

Algunas formas de manejar la ansiedad y depresión

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Las emociones negativas aparecen debido a una razón: para advertirnos sobre un posible peligro y preparar a nuestras mentes y cuerpos para escapar, protegernos o ayudarnos a retirarnos y conservar nuestra energía cuando enfrentamos una pérdida. Pero a veces estas reacciones son injustificadas, demasiado intensas o interfieren con el proceso de lidiar y resolver problemas. Cuando nuestras emociones llegan a estos niveles inmanejables es posible que suframos de algún desorden de ansiedad. 

 

Estas 6 estrategias de Melanie Greenberg pueden ayudarte a liberar la ansiedad y la depresión.

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1. Deja fluir tus emociones
Las emociones te acompañarán de cualquier manera, así que ¿Por qué no tomarlas en cuenta? Quizás tienen un mensaje para ti sobre algo que necesitas cambiar en tu vida. Quizás son el síntoma de un evento doloroso del pasado que necesita más proceso y más atención. Puede que sean algo que indique que tienes necesidades que no estás tomando en cuenta. Cuando dejas que las emociones fluyan y las dejas estar contigo, provocan menos miedo y vergüenza. Corren su curso natural y evolucionan.
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2. Separa los sentimientos de los juicios de valores negativos
Puede que hayas aprendido mensajes negativos sobre los sentimientos a través de tu familia o tu cultura. Quizás aprendiste que las emociones demuestran debilidad o que te hacen vulnerable y te dejan desprotegido. A medida que comienzas a separar los sentimientos de los juicios negativos que tienes sobre ellos, es más fácil saborear las emociones. Comienzas a crear más espacio para ellas y a escucharlas. Tienes más conciencia de tus reacciones y de qué personas y situaciones las disparan.
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3. Nota la conexión entre los sentimientos y los sucesos
Las emociones nos dan información sobre lo que encuentras cómodo o incómodo, a quien amas y a quien temes. Una vez que comprendes la conexión entre los sucesos de tu vida, tus pensamientos y tus emociones; estás mejor preparado para cuidar de ti mismo y proteger tus propios límites. Comienzas a anticipar como reaccionarás ante ciertas personas o ciertos eventos lo que te da la posibilidad de tomar mejores decisiones a la hora de invertir tu tiempo. Puedes anticipar situaciones que generarán riesgos en términos emocionales y preparar estrategias para lidiar con dichas situaciones desde antes.

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4. Amplía tu visión
La ansiedad y la depresión pueden hacer que tus pensamientos se vuelvan más rígidos: te centras sólo en lo negativo, lo que te puede llevar a magnificar y hacer más catastrófico el problema. Esto te hace sentir aún más atrapado. Puede ayudarte tomar, deliberadamente, un paso hacia atrás y preguntarte a ti mismo si es que hay una forma diferente de mirar esta situación o como una persona externa podría ver esta situación. Hacer algo de lo que disfrutas en vez de preocuparte puede crear un efecto positivo que hace tu visión se amplíe de manera natural. Esto puede llevar a generar soluciones más creativas que no podrías ver si estás atrapado en un círculo emocional negativo.

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5. Practica estar presente
El estar presente se refiere tanto a una serie de prácticas como a una forma de ver la vida que se basa en tradiciones Budistas de más de 3.000 años de antigüedad. Estar presente significa tener una actitud gentil, abierta y aceptable hacia tus propias experiencias y lo que te rodea, independiente de cuales sean. Tal como Eckhart Tolle, escritor y profesor espiritual lo ha comentado: “Sea lo que sea que el momento presente contenga, acéptalo como si lo hubieses escogido.” Meditar, centrarte en tu respiración o caminar por la naturaleza centrándote en lo que ves, lo que hueles y los que oyes son una buena manera de aprender a estar presente. Esta práctica genera un espacio en la mente que permite que las emociones estén ahí, sin que nos ahoguen.

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6. Busca ayuda
A veces, las emociones pueden ser difíciles de manejar si estás solo, porque es difícil salirte de tu forma de mirar las cosas y verlo todo de forma objetiva. Una buena idea puede ser generar apoyo y retroalimentación a través de un amigo, colega o familiar. Deja que esa persona sepa lo que estás buscando, sea esto apoyo emocional, información o recursos que te puedan ayudar. La psicoterapia puede brindarte la orientación de expertos, estrategias para lidiar con las emociones y apoyo emocional para calmar emociones negativas y encontrar la claridad y el valor para seguir adelante con tu vida.

Si bien las emociones negativas son un desafío, existen formas efectivas para lidiar con ellas. Al practicar estas estrategias te volverás más tolerante a ellas y será menos probable que te sientas atrapado en un espiral de pesimismo.

5 pensamientos que te harán más fuerte

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Ser fuerte es la capacidad de enfrentarse a todas las circunstancias de la vida. Puede sonar algo “idílico”, sin embargo es posible conseguir la fortaleza necesaria para superar todos los obstáculos.

No basta con ser conscientes y tener confianza en las habilidades que poseemos, sino saber ponerlas en práctica cuando es necesario. A su vez, es preciso trabajar para desarrollar nuevas capacidades que nos ayuden a ser más fuertes.

Presta atención a las expectativas que tienes de las personas, los acontecimientos y de ti mismo. El exceso de optimismo sin dirección puede causar frustración si no se logra el cometido.

Ten en mente las siguientes lecciones de vida. Estas enseñanzas pueden ayudar a los que quieren ser fuertes y conscientes:

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1-Quizás no haya mañana, es importante recordar que lo único que tenemos “por seguro” es el presente. El pasado ya ocurrió y el futuro es incierto, enfócate en lo que pasa hoy.

Puedes igualmente pensar en el futuro, pero que eso no te quite la capacidad de vivir el presente.

2. -Si construyes día a día tu existir, serás más consciente de las cosas que has logrado y lo que cuesta ser feliz. Entonces, cuando pase algo malo o estés atravesando una “mala racha” recordarás que el esfuerzo que has hecho valió la pena. Comprender esta realidad es una buena manera de volverse más fuerte.

3-Es imposible controlarlo todo. Estar inmersos en nuestra zona de confort es lo más parecido a habernos quedado en el vientre de nuestra madre… seguros, tranquilos, alimentados, felices… ¡Sal del cascarón!

La comodidad y la seguridad son para los débiles, ¿sabes por qué? porque no se animan a dar un paso más del que están acostumbrados, no buscan cambiar su destino, se sienten satisfechos con lograr un poco, en vez de hacer el esfuerzo de ganar en grande.

4-Estar informado no es sinónimo de ser sabio. ¿De qué nos sirve pasarnos toda la cena escuchando las noticias en la televisión? “para estar informados” es la primera respuesta, ¿y qué quiere decir eso? “conocer lo que ocurre”, ¿estás seguro?

La vida es algo más que los reportes sobre el clima, los cambios en la economía, la política, la realeza y los deportes. ¡Y ni qué hablar de las malas noticias como robos, asesinatos e injusticias! A menos que tomes esos datos y los uses para fundar una ONG o ayudar a combatir el hambre no te sirven para nada.

Es preciso cultivarse con textos que te sirvan para mejorar y aumentar tu fortaleza interior.

5-No se puede cambiar el pasado.  Y si eso fuera posible, ¿de qué te serviría?

Una de las maneras de ser fuerte es aprender de los errores. Lo que has hecho, hecho está, es imposible modificarlo. Está en tí saber cómo aprovechar esa lección y no volver a repetirla.
¡Más que arrepentirse, actuar en consecuencia!

la felicidad también se aprende. Te damos algunas claves

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“La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante”.

Antonio Gala

Cuando hablamos de la felicidad se dicen muchas mentiras y otras tantas medias verdades, que son aún peores porque su disfraz es más convincente.

El imaginario popular nos sugiere que es una especie de “Nirvana” al cual no debemos perder la esperanza de acceder. Algo así como un estado de plenitud y de dicha constante.

Adicionalmente, cada época y cada sociedad establece un inventario de las características o condiciones que debemos cumplir para entrar en ese espléndido paraíso terrenal. Actualmente, la idea de la felicidad se cimenta sobre tres pilares: poder, riqueza y belleza.

Paradójicamente, la idea del Nirvana y de sus tres pilares ha dado como resultado más personas frustradas que felices. El poder y la belleza, no parece tener los efectos de plenitud que algunos le adjudican.

Todo lo contrario. Si fuera por sí mismo la única e imprescindible fuente de felicidad, muchos al alcanzarlos dejarían de luchar por una meta nueva

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¿Qué es entonces la felicidad? ¿Cómo podemos alcanzarla?
Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Hardvard por el profesor Tal Ben-Shahar, experto en psicología positiva, indica que el sentimiento de alegría se puede aprender!!

Los medios para adquirir ese aprendizaje son los mismos que para acceder a cualquier otra habilidad: técnica y práctica.

Las seis claves de la felicidad, según Tal Ben-Shahar, son las siguientes:

1. Aprender a celebrar los fracasos
Las personas que son capaces de valorar positivamente sus fracasos, logran ser más felices. Hace mucho daño creernos infalibles o suponer que no tenemos derecho a cometer errores. Pero, además de esto, se trata de una posición idealista y a la vez tiránica con nosotros mismos.

¿Acaso el error no es el pan diario? ¿Acaso la ciencia misma, que es un modelo de minuciosidad y perfección, no está plagada de errores a lo largo de la historia?

Pensar que no debemos, o no podemos, cometer errores, es una idea sin fundamento que solamente origina ansiedad y depresión.

2. Agradecer por lo que tienes
Puedes creer que tu salud, tu familia o tu trabajo son realidades que van a estar ahí para siempre y por eso no les concedes un valor relevante en tu vida. Das por hecho que forman parte de tus haberes y olvidas que en un suspiro puedes perder cualquiera de ellas.

Es muy cierto que diariamente olvidamos agradecer por todos esos milagros cotidianos que nos parecen “normales”.Desgraciadamente, muchas veces reparamos en su inmenso valor solamente cuando ya no están y nos damos cuenta de lo mucho que importaban.

3. Las endorfinas
Son las hormonas de la felicidad. Están ahí mismo, en nuestro cerebro y las tenemos a disposición todo el tiempo, pero no sabemos cómo usarlas. Un paseo de 30 minutos diarios te ayuda a liberar suficientes dosis de endorfinas. Un abrazo de diez segundos, también te dará, al menos, tres minutos completos de endorfinas y felicidad.

El asunto es simple: si te habitúas a realizar prácticas que promuevan la liberación de endorfinas, de seguro vas a sentir más alegría de vivir.

4. Simplificar la vida
Solo se vive una vez, es cierto. Pero eso no significa que debas tratar de vivirlo todo de una vez. Una de las enfermedades contemporáneas es la de querer hacer muchas cosas a la vez y, ojalá, todas con gran velocidad. Ni tu salud física, ni tu salud mental pueden aguantar un tren de vida tan desesperado, por mucho tiempo.

Aprende a organizarte. Dale a cada actividad su tiempo y su valor. Elimina todas aquellas tareas que te roben momentos valiosos de la vida. Lo más probable es que no mueras de hambre si trabajas menos. En cambio, quitarte tiempo a ti mismo y a las personas que más quieres sí puede tener un precio altísimo.

5. La meditación
No tienes por qué convertirte en un Lama tibetano. Basta con que tomes algunos momentos del día para equilibrarte, mediante el ejercicio de una práctica simple de meditación.

La meditación ha probado ser un gran soporte para lograr la paz interior. También incide en un mejor funcionamiento de las habilidades cognoscitivas, creativas y de voluntad.

6. Cultivar la resiliencia
Sí, la resilencia se puede cultivar. No es una habilidad innata, sino que se desarrolla. Se define como la capacidad de enfrentarse a situaciones adversas y salir de ellas fortalecido. Es mucho más fácil dicho en palabras que llevado a la práctica en actos.

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Para ser resiliente tienes que empeñar un gran esfuerzo en ello. Debes enfocarte en encontrar la flor dentro del fango: la enseñanza en medio de la dificultad. Es un camino hacia la sabiduría y hacia la felicidad, entendida en términos realistas: como una relativa paz interior y una frecuente capacidad para encontrar lo mejor que hay en el mundo que nos tocó vivir.

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Nuestra búsqueda necesita una dirección, no un destino

Las expectativas son aquellos finales que consideramos como más probables para el futuro. Representan la búsqueda de la estabilidad dentro del caos de la incertidumbre.

Un resultado menos ventajoso con respecto a las expectativas que nos formamos suele originar decepción. Por el contrario, si aquello que ocurre supera nuestras previsiones nos sentimos gratamente sorprendidos.

En estas ocasiones parece que la vida cambia de color

Para hablar de expectativas por lo general tiene que haber algo que las sustente, si no quizás estamos hablando de esperanza o, simplemente, de cuestiones de fe. Es en ese juego de predecir nuestro futuro donde entran en escena multitud de variables que, en muy pocas ocasiones, nos paramos a analizar de forma objetiva.

Este proceso de “anticipar destinos” está influido por las perspectivas e imágenes que nos formamos de nosotros mismos, los demás, las situaciones y la experiencia previa que hemos tenido en el desempeño de cualquier tarea.

Si nos quedamos con las veces que fallamos y las tomamos como prueba de que volverá a ocurrir es muy probable que desistamos a intentarlo de nuevo.

Aquello que esperamos de alguien o de algo también lo transmitimos a los demás. Con nuestras palabras, con nuestros gestos o con la no-acción es como si estuviéramos diciéndole a otra persona: “yo pienso que tú no puedes así que ni lo intentes”, ” no confío en ti”, “ya ha ocurrido otras veces”, “no quiero hacerme ilusiones y tú tampoco deberías tenerlas”.

“Los maestros que tienen imágenes muy positivas de sus estudiantes tienden a ofrecerles: un mayor soporte emocional”

(Rist, 1970; Rubovitz y Maechr, 1973)

El aprendizaje se compone de errores y aciertos que poco dicen acerca de nuestra personalidad o de aquello que somos. Además, focalizarnos en únicamente los sucesos negativos de nosotros mismos y de los demás es el verdadero fracaso.

Si nos centramos en nuestro potencial, en aquello que nos motiva, en lo mejor de nosotros y los de más, mejoraremos la visión que tenemos y tienen del papel que podemos jugar en este mundo. Cruel e injusto a veces, sí, pero con muchos caminos posibles si creemos en la capacidad de recorrerlos.

Pero, muy importante, necesitamos una dirección. Un pequeño movimiento, un leve paso en la incertidumbre, aunque sea simbólico, para entrar en un espiral que nos puede llevar hacia lo que queremos. Si nos perdemos en pensar en exceso sobre el destino, es probable que nos paralicemos. Si no ahora, a mitad de recorrido.

Es importante que las metas que nos planteemos sean realistas. Hay que soñar (¡¡¡claro!!) pero, si nos marcamos expectativas muy altas o irrealizables la decepción nos alcanzará más tarde o más temprano.

Hay que andar con metas y sueños, pero no con quimeras.

¿Qué puedes hacer HOY para dar un paso en tu camino?

Si quieres hacer algo planta una pequeña semilla, justo en este mismo instante.

Los destinos son, a excepción de ciertas realidades que son imparables, inciertos.

Es en esa gran inmensidad donde podemos proyectar nuestro fracaso anticipado (expectativas negativas/irrealistas) o donde podemos decir: será difícil pero voy a mover ficha en lo que pueda (expectativas positivas/realistas).

La línea entre lo que queremos que ocurra y el momento en el que lo conseguimos es, en su mayoría, lenta y larga. Hace falta trabajo, esfuerzo, sacrificios, caídas, errores y levantarnos de nuevo. Pero lo que es cierto es que si lo dejamos en nuestro pensamiento, el mundo no conspirará para que lo consigamos.

El movimiento genera movimiento. Empuja una rueda que en cierto modo no sabes hacia donde se dirige, pero ya estás montada en ella. Porque es difícil tener claro el destino. Podemos tener una idea, un boceto, una aproximación, pero lo importante es que cuando estás en un camino te ocurren cosas y si no das un paso nunca lo podrás comprobar.

Un problema es tan solo la diferencia entre lo esperado y lo obtenido, de las personas o de la vida.

A.Espinosa

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