LAS RELACIONES DESDE EL CONSCIENTE

 

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Las relaciones personales parecen ser un rompecabezas. A menudo decimos que son difíciles, sin darnos cuenta de que tal vez las personas “somos difíciles”. Buscamos gente que cumpla con nuestras expectativas, y que nos haga felices; y esta perspectiva no realista activa infinidad de conflictos. Es como si renunciáramos a ser dichosos por nosotros mismos, y en su lugar pusiéramos en manos ajenas las propias esperanzas de bienestar. No es de extrañar que las rela­ciones personales se conviertan en una fuente de problemas y un rompecabezas indescifrable.

La relación personal inconsciente

El amor romántico, o inconsciente, poco tiene que ver con el amor verdadero. Esa confusión es la causa de muchos conflictos en las relaciones personales. El romanticismo es idealización, apego o pura necesidad del otro; y la necesidad es una falta de amor severa hacia la persona que se dice amar. La concepción romántica del amor ha creado muchos problemas a hombres y mujeres que han sido víctimas de sus propias fantasías. Esto no significa que no convenga ser afectuosos, cariñosos, atentos, tiernos, detallistas, cálidos, suaves, entregados… con las personas con las que nos relacionamos. Quiere decir que únicamente siendo conscientes de en qué hemos convertido las relaciones, podremos construirlas sanas y conscientes. Pero, eso que suena tan sencillo, ¿cómo se consigue? ¿cómo podemos crear vínculos que funcionen?

“Convertirse” en la clase de persona que se busca.
Después de una ruptura, hacer una “dieta de relaciones”, darse tiempo y espacio.
Recuperar la energía física y el equilibrio emocional.
Aprender a estar solo sin que ello sea doloroso o traumático.
Ordenar el espacio emocional propio y clarificar valores.
Prepararse para una nueva relación.
No perder nunca “la inocencia” y frescura para empezar de nuevo.
Confiar en que todos merecemos ser plenamente amados.
Si nos saltamos el proceso de cambio, y no hay una verdadera transformación personal, en la nueva relación aflorará el temor de revivir experiencias anteriores, y la carga de dolor nos perjudicará notablemente. Porque no serán dos personas, sino la suma de sus exparejas, los fantasmas del pasado y de sus constantes miedos a repetir las viejas historias de dolor.

“Si juzgas a las personas no tienes tiempo para amarlas” – Madre Teresa

Relaciones personales conscientes

Las relaciones que funcionan son conscientes(maduras emocionalmente) y se establecen entre dos personas que se sienten completas, porque no creen que les falte su “media naranja”: se sienten una “naranja completa”. Por supuesto, no significa esto que no quieran tener pareja (o una amistad). La desean, pero no la necesitan, son cosas muy diferentes. Las personas conscientes comparten su plenitud, no se relacionan para completar sus supuestos vacíos, ni para mitigar la necesidad de estar en compañía. Y entonces, de alguna manera, lo que está completo atrae a lo completo, y lo que está incompleto a lo incompleto. Los iguales se atraen. Intuitivamente entendemos que cuando dos personas se encuentran y se reconocen completas en sí mismas y no necesitadas, las relaciones empiezan y fluyen con suavidad.

¿Cómo encontrar una persona completa en sí misma, no necesitada?
Puede parecer extraño, pero la clave es reflejar las cualidades que buscamos en la pareja ideal. Si alguien quisiera tener a su lado a una persona cariñosa, lo mejor será mostrarse cariñoso; si desea conocer a alguien educado, lo propio es mostrarse educado… Cuántas veces olvidamos esta sencilla regla: “Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado…”, y tarde o temprano aparecerá y se fijará en ti (cómo no iba a hacerlo si se verá reflejada).
Las personas conscientes que establecen una nueva relación, en realidad no la buscaban, aunque tal vez la esperaban. Buscar la pareja ideal, o el amigo ideal, sería tanto como buscar una aguja en un pajar. Porque “buscar”, por definición, significa implícitamente carencia, ausencia, necesidad. No puede buscarse una relación, todo lo que puede hacerse es crearla.

Mucha gente no entiende por qué siempre llega a su vida un mismo estereotipo de persona, ya hablemos de parejas o de amistades. Una y otra vez sus relaciones parecen fotocopias siguiendo un mismo patrón. Parece que no haya otra clase de persona disponible para ellas. No sirve de mucho buscar a alguien con tal o cual cualidad. En su lugar, ser uno mismo adecuado y estar en posesión de esas facultades, sí es útil. Como los iguales se atraen, aparecerá alguien con esos atributos. En lo que se refiere a las relaciones, hay una estrategia mucho mejor de la que sigue el ego y se basa en el amor consciente, algo así como “amor sabio”, pero no una sabiduría de la cabeza, sino del corazón.

Volver al amor

Para saber estar en pareja es necesario antes saber estar solo. No es sencillo encontrar personas que no odien la soledad. Llegar a tolerar, incluso amar, estar solo, y sentirse bien, es un gran logro personal. Por esa razón, no es aconsejable empezar una nueva relación justo al terminar otra. El campo también necesita un tiempo de regeneración entre cosechas, lo llaman “barbecho”. Nosotros podríamos llamar a ese tiempo “dieta de relaciones”, para referirnos al tiempo que una persona se regala a sí misma para recomponerse, centrarse, atenderse y prepararse para la siguiente relación.

Cuando se resuelve el miedo a la soledad, se deja de creer en las relaciones superficiales, egoístas e inconscientes como escudo de protección. Estar solo no es una garantía de no sufrir más, sino que al contrario añade más sufrimiento. La soledad no es buena ni es mala. Es lo que cada uno hace con ella, es como un desierto (los desiertos nunca están vacíos), pero, como todos los desiertos, un día terminan y es al salir de ellos cuando se reconoce su valor. Llegar hasta el final de la soledad, la agota como sistema de aprendizaje y la cancela.

Tratar de suspenderla, de forma artificial, solo pospone el proceso necesario de la soledad para más adelante…

Cuando se resuelve el miedo al abandono, empezar un idilio no es una amenaza, sino una nueva oportunidad. El mayor logro de la relación consciente es que ambas personas están dispuestas a amar como si nunca antes hubiesen sido heridas, sin volcar en la nueva pareja el dolor de relaciones anteriores. En realidad, esas dos personas son “nuevas” y por ello destilan frescura y atractivo (no están resentidas, no son desconfiadas, no rezuman amargura y por eso atraen tanto).

Cuando se resuelve desactivar el ego, la nueva relación no está debilitada por el temor a amar sin condiciones ni apegos. El final del ego es lo que la mente podría interpretar como la destrucción de la individualidad, la anulación, cuando en realidad es una transformación y la salvación de la relación. El ego es el estorbo número uno en cualquier relación personal, ya sea de amistad o de pareja, y la causa de que fracasen, como suele suceder. Si tan solo las personas mantuvieran su ego a un lado, fuera de escena, la historia sería otra. Las relaciones seguirían empezando y acabando, según su tempo y propósito, pero no tendrían el sabor amargo que a menudo dejan en el recuerdo.

Cuando todo eso ocurre, las personas conscientes descubren que en realidad no temían empezar un nuevo vínculo o acabarlo; sino que en su inconsciencia temían el infierno en el que, con anterioridad, habían convertido sus relaciones.

POR QUÉ NO HACES LO QUE DICES QUE QUIERES HACER?

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Se va acercando el momento del año en el que medio mundo se plantea hacer cambios, aunque de ese medio mundo sólo un pequeño porcentaje lo logre. Los demás, a poner el objetivo de nuevo en la lista para el año siguiente. ¿Por qué no haces lo que dices que quieres hacer? ¿Por qué te propones algo y no lo llevas a cabo? Lo primero que se te puede venir a la mente es: “porque no tengo voluntad” o “porque no me motiva mucho”, “porque no lo intento lo suficiente”.

Es cierto que la voluntad y la motivación son importantes para ponerte en marcha y conseguir tus objetivos, pero también es cierto que son poco fiables, no puedes estar motivado todos los días de tu vida a todas horas. Hay momentos de bajón y entonces es cuando bajas la guardia y abandonas. Por eso, aunque es importante tenerlos en cuenta, hace falta un factor imprescindible: tener buenos hábitos. ¿Por qué? Porque son acciones que haces automáticamente, aunque estés desmotivado, cansado o estresado. Si, automáticamente, en cuanto te levantas haces la cama, ya ni lo piensas, lo haces y punto. O si te lavas los dientes después de cada comida y siempre vas al trabajo por el mismo camino, no te supone esfuerzo ni necesitas voluntad o motivación, estás acostumbrado, es automático. Pues eso es en lo que en realidad hay que trabajar, en hacer de lo que quieres un hábito.

Pero claro, eso no es fácil en absoluto. En primer lugar porque decidir que quieres hacer algo no es suficiente, a tu parte racional le puede parecer lógico y factible, pero tu parte irracional no está por la labor. Llevas años sentado cómodamente en el sofá y ahora porque de repente lo has decidido ¿vas a correr una maratón? No es tan fácil. ¿Por qué? Porque la parte racional que toma la decisión no es la que controla tus hábitos, y por tanto, la cosa se complica. Por eso no eres capaz de conseguir algunos de tus objetivos, porque por mucho que racionalmente quieras hacer más ejercicio, dormir más o lo que sea, tus hábitos actuales son más fuertes. Y, aunque a corto o mediano plazo puedes “obligarte” a hacer cambios, a largo plazo es más difícil. En consecuencia abandonas lo que te has propuesto.
Esta es una de las razones por las que proponerte objetivos SMART (realistas, específicos, medibles, importantes y con un rango de tiempo) ayuda mucho.

Sin embargo, a veces hasta esta estrategia no es suficiente y te encuentras con tus objetivos bien planteados y sin hacer avances, incluso aunque empezaras motivado. ¿Te ha pasado alguna vez? Probablemente sí, son esos objetivos que a todos se nos resisten, pero ¿por qué?

Algunos objetivos se nos resisten porque, en realidad, requieren más de lo que parece. Más tiempo, más energía, más pasos. Por ejemplo, a lo mejor te has planteado hacer más ejercicio a partir de ahora. Tres días a la semana harás 30 minutos de ejercicio, no es excesivo, sabes que para ti es realista y de verdad quieres ponerte en forma ya. Sólo que no lo haces y empiezas a sentirte mal porque tendrías que esforzarte más. Pero en realidad no es que tengas que esforzarte más, sino que no lo haces porque no es tan fácil, no es hacer 30 minutos de ejercicio y ya está. Es ponerte ropa de deporte y ducharte cuando acabes, ir al gimnasio o buscar un vídeo de ejercicios y decidir que días. Hay muchos pasos y acciones implícitos que no te habías parado a considerar y que son los responsables de que sigas sin hacer nada.

Piénsalo, ¿cuantas de las cosas que has pospuesto en realidad requerían más acciones de las que habías tenido en cuenta?

La solución entonces es hacerte las cosas más fáciles, enamorarte de lo que quieres hacer y eso lo convertirá en algo fácil. Y al contrario, si hay algo que quieres evitar hazlo más difícil (de ahí, lo de no tener chocolate en casa o tenerlo en un sitio de difícil acceso) Así que ya sabes, si quieres hacer algo conviértelo en un hábito y para ello, ¡enamórate de tu proyecto!

CÓMO EVITAR LA NEGATIVIDAD POR ECKHART TOLLE

 

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¿Podría una emoción negativa contener también un mensaje importante?. Por ejemplo, si a menudo me siento deprimido, puede ser una señal de que algo anda mal en mi vida y puede forzarme a mirar mi situación vital y hacer algunos cambios. Así que necesito escuchar lo
que la emoción me está diciendo y no rechazarla simplemente como negativa.

Sí, las emociones negativas recurrentes a menudo contienen un mensaje, lo mismo que las enfermedades. Pero cualquier cambio que hagas, sea que tenga que ver con tu trabajo, con tus relaciones o con lo que te rodea, es sólo cosmético, a menos que surja de un cambio en su nivel de conciencia. Y en cuanto a esto, sólo puede significar una cosa: volverse más presente. Cuando has alcanzado cierto nivel de presencia, no necesitas la negatividad para decirte lo que es necesario en tu situación vital. Pero mientras la negatividad esté ahí, úsala. Úsala como una señal que te recuerde estar más presente.

¿Cómo evitamos que surja la negatividad y cómo nos libramos de ella cuando aparece?

Como dije, evita que surja estando completamente presente. Pero no te desanimes. Hay aún pocas personas en el planeta que pueden mantener un estado de presencia continua, aunque algunos están cerca de ello. Pronto, creo, habrá muchos más. Siempre que te des cuenta de que ha surgido alguna forma de negatividad en ti, mírala no como un fracaso, sino como una señal útil que te dice: “Despierta. Sal de la mente. Vive el presente”.

Hay una novela de Aldous Huxley titulada La Isla, escrita en sus últimos años, cuando se interesó mucho en las enseñanzas espirituales. Cuenta la historia de un náufrago en una isla remota separada del resto del mundo. Esta isla contiene una civilización única. Lo inusual de ella es que sus habitantes, al contrario de los del resto del mundo, son realmente cuerdos. La primera cosa que el hombre nota son unos papagayos coloridos encaramados en los árboles, que continuamente cotorrean las palabras “Atención. Aquí y Ahora. Atención. Aquí y Ahora”. Luego nos enteramos de que los isleños les han enseñado estas palabras para que les recuerden constantemente mantenerse presentes.

Así que siempre que sientas la negatividad surgiendo en ti, mírala como una voz que te dice “Atención. Aquí y Ahora. Despierta”. Incluso la más leve irritación es significativa y debe ser reconocida y observada; en caso contrario, habrá una acumulación de reacciones no observadas. Como dije antes, tú puedes ser capaz de soltarla una vez se des cuenta de que no quieres tener este campo de energía dentro de ti y de que no sirve para nada. Pero entonces asegúrate de que la sueltas completamente. Si no puedes hacerlo, acepta que está ahí y pon tu atención en ese sentimiento, como señalé anteriormente.

Como alternativa a abandonar una reacción negativa, puedes hacerla desaparecer imaginando que te haces transparente a la causa externa de la reacción. Te recomiendo que practiques esto al principio con cosas pequeñas, incluso triviales. Digamos que estás sentado tranquilamente en casa. De repente se oye el sonido penetrante de la alarma de un auto al otro lado de la calle. Surge la irritación.

¿Qué sentido tiene la irritación?

Ninguno en absoluto. ¿Por qué la creaste? No lo hiciste, fue la mente. Fue totalmente automático, totalmente inconsciente. ¿Por qué la creó la mente? Porque tiene la creencia inconsciente de que su resistencia, que tú experimentas como negatividad o infelicidad de alguna forma, disolverá en alguna medida la condición indeseable. Esto, por supuesto, es un engaño. La resistencia que crea, la irritación o ira en este caso, es mucho más perturbadora que la causa original que estás tratando de disolver.

Todo esto puede transformarse en práctica espiritual. Siéntete a tí mismo volviéndote transparente, como quien dice, sin la solidez de un cuerpo material. Ahora permite que el sonido, o lo que sea que cause la reacción negativa, pase a través de ti. Ya no golpeará una “pared” sólida dentro de ti.

Como dije, practica con cosas pequeñas primero. La alarma del auto, el perro que ladra, los niños que gritan, la congestión de tráfico. En lugar de tener un muro de resistencia dentro de ti que es golpeado constante y dolorosamente por las cosas que “no deberían estar sucediendo”, deja que todo pase a través de ti. Alguien le dice algo con la intención de molestarle. En lugar de tener una reacción negativa inconsciente, como ataque, defensa o repliegue, permite que pase a través de ti. No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie ahí que pudiera ser herido. Eso es el perdón.

En esa forma, te vuelves invulnerable. Puedes decirle a esa persona, de todos modos, que su conducta es inaceptable, si eso es lo que escoge hacer. Pero esa persona ya no tiene el poder de controlar tu estado interior. Está entonces en tu propio poder, no en el de la otra persona, y tampoco estás gobernado por tu mente. Se trate de una alarma de auto, una persona descortés, una inundación, un terremoto o la pérdida de todas sus posesiones, el mecanismo de resistencia es el mismo.

He practicado la meditación, he ido a talleres, he leído muchos libros sobre espiritualidad, intento estar en un estado de no resistencia, pero si me preguntas si he encontrado paz interior verdadera y duradera, honestamente debo contestar que no. ¿Por qué no la he encontrado? ¿Qué más puedo hacer?

Yo diría: no busques paz. No busques ningún otro estado que ese en el que te encuentras ahora; de lo contrario, establecerás un conflicto interior y una resistencia inconsciente. Perdónate a tí mismo por no estar en paz. En el momento en que aceptes completamente su falta de paz, se transmutará en paz. Ese es el milagro de la entrega.

Puede haber oído la frase “pon la otra mejilla”, que un gran maestro de la iluminación usó hace dos mil años. Estaba tratando de comunicar simbólicamente el secreto de la no resistencia y la no reacción. En esa afirmación, como en todas las otras que hizo, se refería sólo a tu realidad interior, no a la conducta externa de tu vida.

¿Conoces la historia de Banzan? Antes de convertirse en un gran maestro Zen, pasó muchos años en la búsqueda de la iluminación, pero esta lo eludía. Entonces un día, cuando caminaba por el mercado, oyó una conversación entre un carnicero y su cliente. “Déme el mejor trozo de carne que tenga”, decía el cliente. Y el carnicero replicó: “Todos los trozos de carne que tengo son el mejor. No hay un trozo de carne aquí que no sea el mejor”. Al oír esto, Banzán se iluminó. Veo que espera una explicación. Cuando aceptas lo que Eres, todo trozo de carne (todo momento) es el mejor. En eso consiste la iluminación.

 

 

7 PASOS PARA DOMINAR EL EGO POR WAYNE DYER

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Las personas que viven dominadas por el ego están engañadas, se creen superiores y no ven la realidad, es un error de pensamiento que intenta hacer una presentación de cómo te gustaría ser, en vez de cómo es en realidad. Aquí te dejamos siete recomendaciones para ayudarte a trascender esas arraigadas ideas sobre el ego.
1. No te sientas ofendido.

La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende solo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu Universal de la Creación. No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz. Como nos recuerda Un Curso de milagros, “la paz es de Dios; quienes formáis parte de Dios no estáis a gusto salvo en su paz”. Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.

2. Libérate de la necesidad de ganar.

Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes porqué estar allí con tus pensamientos.
No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía.

Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día. Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder.
Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energia de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.
3. Libérate de la necesidad de tener razón.

El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad. Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto como acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: ¿Qué quiero, ser feliz o tener razón?
Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente universal empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves.
4. Libérate de la necesidad de ser superior.

La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: “Todos somos iguales ante los ojos de Dios”.
Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a Dios revelándose en todos. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros aspectos impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. A Course in Miracles habla de esa necesidad de ser especial y superior: El sentirse especial siempre establece comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y que se mantiene buscando y no perdiendo de vista las carencias que puede percibir.
5. Libérate de la necesidad de tener más.

El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir como utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te llegara más de lo que deseas.
Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. La Fuente universal está satisfecha de si misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la Fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio San Francisco de Asis: … es dar cuando recibimos. Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.
6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros.

Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros son lo mismo. Dios escribe toda la música, Dios canta todas las canciones, Dios construye todos los edificios. Dios es la fuente de todos tus logros. Y ya oigo las protestas de tu ego, pero sigue sintonizado con esta idea. Todo emana de la Fuente. Tú y tu Fuente son uno y lo mismo. No eres ese cuerpo y sus logros.
Eres el observador. Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivacion para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parter materializada. Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros más conectado estartás con las siete caras de la intención, más libre serás de conseguir cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te atcpegas a esos logros y crees que lo estás consiguiendo tú solo es cuando abandonas la paz y la gratitud de tu Fuente.
7. Libérate de tu fama.

La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, g por consiguiente, no ejerces ningún control scobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas demasiado por como te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. Así funciona el ego. Es una ilusión que se alza entre ti y la Fuerza de la intención.
No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Haz lo que haces según la orientación de tu voz interior, siempre conectada con tu Fuente y agradecida a ella. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en ti: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama; no tiene nada que ver contigo.

 

Aceptación y Cambio

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“No podemos cambiar nada hasta que nosotros lo aceptamos. La condena no libera, oprime”
Carl Gustav Jung

Nuestra vida puede mejorar, pero el primer paso para ello es aceptar donde nos encontramos, observar el aquí y ahora. Ver lo que ahora somos, apreciarnos y mantener la esperanza de que todavía podemos ser mejores, sin olvidarnos ni despreciar todo lo que hemos ido creciendo como personas.
El cambio es casi la única constante que hay en nuestras vidas

En muchas ocasiones, cambiar no supondrá modificar algo externo, ni desarrollar comportamientos complejos, sino adoptar la decisión de aceptar plenamente la circunstancia que nos ha tocado vivir, y actuar a partir de ella, es decir, cambiar nuestra actitud hacia la situación que se nos presenta.
El primer paso para el cambio es la aceptación.

Pero, ¿por qué la aceptación?
Quizás porque detrás de cada cambio, existe un problema o algo que queremos dejar atrás. Pero si no lo aceptamos, raramente podremos cambiarlo. Ya que cuando nos resistimos o negamos de manera activa a nuestros pensamientos o sentimientos, éstos pueden adquirir una mayor relevancia, debido a que al ejercer un esfuerzo real por no pensar en ello o por intentar que desaparezcan, estamos potenciando que ocupen un espacio en nuestra mente que los haga reaparecer constantemente. Por eso el primer paso para cambiar es aceptar el pasado, aceptar lo que nos sucedió, aceptar el problema. La idea no es escapar del problema, al contrario, enfrentarnos de una manera más madura.

Pero sobre todo es importante que entendamos que aceptar no es resignarse, sino comprender las cosas en su plenitud, tanto con sus pros como con sus contras y seguir hacia delante. Cuando aceptamos nos enganchamos a la vida, pudiendo experimentar otras emociones y recuperando cierto control, mientras que cuando nos resignamos, lo único que hacemos es anclarnos en el pasado, limitándonos a lamentarnos o irritándonos por nuestra desdicha.
¿Cómo podemos promover y desarrollar la aceptación?

–Autoconocimiento. Es importante desarrollar un profundo y sincero conocimiento sobre nosotros mismos, a partir de la reflexión y el análisis de nuestras limitaciones y capacidades personales. Siendo sinceros con nosotros mismos y no auto-engañarnos.
–Darse tiempo para asumir la situación de una forma positiva y realista. No apresurarse en obtener una respuesta.
-Aprender a manejar aquellas situaciones que nos producen sensaciones desagradables, es decir, aumentando nuestra tolerancia a la frustración.
-Ajustar nuestras expectativas a la realidad.
-Adoptar una actitud más paciente y tolerante, disminuyendo la autoexigencia y rigidez mental.
-Practicar el perdón.

Recuerda: nosotros creamos nuestras propias oportunidades.

TODO LO QUE NOS OCURRE, LO PEDIMOS CON ANTICIPACIÓN

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Para nuestro ego esto es un gran ataque que desmonta el sistema de creencias arraigado en el inconsciente colectivo. Toda situación por la que pasamos que nos disgusta es debido a que alguien externo a nosotros ha hecho algo que no está bien, es decir, que nuestra situación desfavorable, malestar físico o psicológico, lo tenemos por su culpa.

Sin embargo, puede haber otro planteamiento, el que dice que todo aquel que esté involucrado en una situación desempeña el papel que le corresponde, y nos encontramos continuamente con maestros que nos ayudan a ver aquello, que sin ellos, no podríamos ver por nosotros mismos. Desde todas las personas que nos impiden llevar a cabo el proyecto de nuestra vida hasta el hombre que se ha saltado una señal de tráfico y ha chocado contra nuestro coche. Esta visión radica en ver a los demás desde una mirada inocente y sin juicio que hace quitar al ego de su sitio para dar paso a una paz interior en la que sabemos que todo está bien.

Volviendo al título de la entrada nos podemos preguntar en qué momento hemos pedido que nos pasen este tipo de cosas si ni siquiera pedimos nada a nadie o deseamos todo lo contrario. Bien, como observadores de un mundo, al que podemos llamar campo cuántico, somos emisores-receptores de ondas con ciertas frecuencias y como tales estamos constantemente emitiendo ondas cuyas frecuencias varían dependiendo de qué emociones, sentimientos, creencias, pensamientos e interpretaciones hacemos sin poder evitarlo. La calidad de éstas, que suelen mantenerse fijas durante mucho tiempo y se instalan en nuestra mente durante nuestra infancia o mediante epigenéticaconductual y engramas, van a amoldar el campo cuántico que vemos respondiendo a las ondas que emitimos o, dicho de otra manera, a lo que hemos pedido. Repercutiendo así en las personas que nos encontramos en nuestras vidas, ya sean pareja o compañeros de trabajo.

Es muy importante ser conscientes de que somos responsables de todo lo que nos sucede, estar alerta y ver con honestidad que sentimos en nuestro interior en cada instante. Si hay miedo a que nuestros proyectos triunfen, a que fracasen, si nos acompañan las personas que realmente queremos en este proyecto, qué percepción tenemos de nuestras habilidades y en otro caso si por ejemplo tengo un accidente mientras voy de camino al trabajo preguntarme si de verdad estoy a gusto en él, si quiero hacer un cambio importante o seguir como hasta ahora, si sigo allí por miedo a no encontrar otra cosa mejor.

Como siempre la simple teoría de poco sirve, y podemos aprender de autoconocimiento, desarrollo personal y demás pero la aplicación siempre depende de nosotros mismos. Si lo ponemos en práctica a veces y con ciertas personas o sin excluir a nadie de esta visión sin juicio, inocente y de aprendizaje. Esta decisión repercute en ver las cosas de una manera u otra y por lo tanto vivir unas circunstancias concretas.

Y qué tal si me perdono?

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Por: Male Capetillo

Me he sentado a tomar un café conmigo misma frente al espejo y me descubrí alzándome la ceja como siempre, entonces me dije a mi misma que ya estuvo bueno de ser tan dura a veces, deberíamos probar, simplemente, perdonarme.

Me perdono por dejarme en último lugar infinidad de veces, me perdono por hacerme pedazos para completar a otros, me perdono por no tener tiempo para mí, me perdono por no hacerme caso y tropezar con el mismo obstáculo una y mil veces, me perdono por poner mi salud como un pendiente y no como una prioridad, me perdono por haber hablado de más, me perdono por haberme callado,
me perdono por confundir resignación con tolerancia, me perdono no gastar en mí lo que sin reparo gasto en alguien más que a
veces no lo merece, me perdono por mentirme,
me perdono por no verme al espejo más seguido, me perdono por no ser más amable conmigo misma, me perdono por no tenerme paciencia ni tener constancia, me perdono por ser tan ruda cuando se trata de mí, me perdono no encajar en un molde, me perdono por no permitirme muchas cosas, me perdono por no disfrutar de otras tantas, me perdono por no valorar los momentos que valen la pena y darme cuenta muy tarde.

Mi misma, me dije, debemos aprender a soltar, a dejar ir, a perdonar. Debemos hacer frente común contra el mundo que no está en nuestra contra, simplemente es el mundo y la gente es gente, con lo bueno y con lo malo, a veces solo estamos parados en el camino equivocado con alguien que viene a todo pulmón y nos arrasa sin miramientos. No hay explicaciones ni
justificaciones, es así…. sucede.

Mi misma, sabes, necesito tu apapacho, tu abrazo, tu complicidad, he aquí el trato.
Menos reproches y más amor. Menos revivir el momento y más perdón.

Y si me perdono? Ampliamente y de verdad, sin echarme en cara después mi errores, sin pensar en un problema toda la noche, sin sentir un punzada con un recuerdo corrupto cruzándonos la mente.

Y si me perdono mis errores y pasado?

Si, me perdono, si me acepto y me corrijo, si me acomodo las piezas si me
reseteo la memoria y el corazón…

Sí me perdono!

¿PERSIGUES TU FELICIDAD O LA CREAS? POR LOUISE HAY

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Es importante que comprendas que no es tu mente quien está al mando. Eres tu quien gobierna tu mente. El Yo Superior tiene el mando. Puedes abandonar tus antiguas ideas.

Cuando tu vieja forma de pensar intente regresar diciendo: Es muy difícil cambiar, tu tenemos que asumir el mando. Digámosle a la mente: Ahora elijo creer que me resulta fácil efectuar cambios. Es posible que tengas que conversar bastantes veces con tu mente para que reconozca y acepte que eres tu quien dirige, y que hablas en serio. ¿Persigues tu felicidad o la creas?. Imagína que tus pensamientos son como gotas de agua. Un pensamiento, como una gota de agua, no es gran cosa. Cuando se repite una y otra vez, primero notas una mancha en la alfombra, después ya hay un pequeño charco, seguidamente una laguna, y a medida que los pensamientos continúan, se pueden transformar en un lago y finalmente en un océano.

¿Qué tipo de océano deseas crear? Un océano contaminado y tóxico en el que no te puedas bañar? O uno de aguas azules y cristalinas que te invite a disfrutar de su frescura?

Recuerda, ¿cuántas veces te has negado a aceptar un pensamiento positivo?
Solo tienes que decirle a tu mente que ahora si vas a aceptarlo. Decídete a dejar de pensar de forma negativa. Esto no quiere decir que tengas que luchar contra tus pensamientos cuando desees cambiar cosas. Si surge un pensamiento negativo, repite sencillamente: Gracias por participar. De esta forma no lo niegas ni tampoco le cedes tu poder. Habla contigo mismo: di que ya no estas dispuesto a crear negatividad, que deseas crearte otra forma de pensar. Y no es necesario que luches contra tus pensamientos negativos. Date por enterado de su presencia y continua adelante dejándolos atrás.

No te ahogues en el mar de tu propia negatividad cuando puedes nadar en el océano de la vida.
Has sido creado para ser una expresión maravillosa y amorosa de la vida. La vida esta esperando que te abras a ella y te sientas digno del bien que te tiene reservado. La sabiduría y la inteligencia del Universo son tuyas para que las utilices. La vida esta ahí para apoyarte. Ten la seguridad de que tu poder interior esta a tu disposición. Cuando se siente temor, va muy bien prestar atención a la respiración, al aliento que entra y sale de nuestro cuerpo. Ese aire, la substancia mas preciosa de la vida, se nos da con liberalidad. Tenemos lo suficiente para que nos dure tanto tiempo como vivamos.

Aceptamos esa preciosa substancia casi sin pensar, y sin embargo dudamos de que la vida satisfaga nuestras otras necesidades. Ha llegado el momento de que conozcas tu propio poder y sepas que es capaz de hacer. Entra a tu interior y descubre quien eres.

“Para cambiar tu vida por fuera debes cambiar tú por dentro. En el momento en que te dispones a cambiar, es asombroso cómo el universo comienza a ayudarte, y te trae lo que necesitas”.

¿Cómo nos afecta llevar el nombre de un antepasado?

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Si te llamas igual que tu padre ó madre, quizás estés cargando con el peso de su vida sin saberlo. Descubre por qué llevar un nombre de un antepasado puede traerte condicionantes en tu vida. Alejandro Jodorowsky, chileno de origen judío y reconocido escritor, explica sobre la carga que lleva un nombre, tema inmerso en la teoría de las constelaciones familiares.

Para muchas familias poner el nombre de un familiar, del padre o abuelo es un honor y una tradición para muchas familias que actúan como clanes. En el inconsciente, por ejemplo, llevar el nombre del padre habla de la necesidad de integración al nuevo miembro a través de este acto, así como también una forma de recordar a quienes fueron o son importantes en nuestra vida. Pero para Jodorowsky, ponerle el nombre de un antepasado a un recién nacido, trae consigo una serie de cargas.

Él explica: “Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidad. Evitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos. Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y condicionan nuestra vida…”
¿Cuál es concretamente el efecto de repetir los nombres?

El psicoterapeuta indica el peligro de este acto, ya que los nombres actúan como fotocopias y al ser repetido se devalúa y pierde fuerza. Además de mencionar que en la repetición está el riesgo de ser un “árbol que da frutos o bien plantas venenosas”.

Para entender mejor su teoría hay que explicar que los nombres tienen una vibración o fuerza. Si ponemos el nombre de un hermano muerto a un bebé, estamos en realidad dejando en el recién nacido la carga de ser como aquel hermano. Además si el nombre que ponemos tiene una historia de depresión sumamos esa carga a la nueva persona.

Para Jodorowsky, la elección del nombre para el bebé es algo que debe llegar a ambos padres de manera intuitiva; no ser repetido, sino darle la oportunidad de comenzar algo nuevo. No obstante, también entrega pautas de cómo mejorar esta situación para quienes ya están con este problema y sienten que están repitiendo la misma historia. Para él claramente, si el nombre que tenemos trae consigo una carga demasiado fuerte lo ideal es atreverse a cambiarlo, o bien, usar el segundo nombre. De esa manera reducimos los riesgos de llevar con nosotros una carga o repetir la historia vivida por nuestros antepasados.

Él explica: “Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidad. Evitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos. Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y condicionan nuestra vida…”

¿Cuál es concretamente el efecto de repetir los nombres?

El psicoterapeuta indica el peligro de este acto, ya que los nombres actúan como fotocopias y al ser repetido se devalúa y pierde fuerza. Además de mencionar que en la repetición está el riesgo de ser un “árbol que da frutos o bien plantas venenosas”.

Para entender mejor su teoría hay que explicar que los nombres tienen una vibración o fuerza. Si ponemos el nombre de un hermano muerto a un bebé, estamos en realidad dejando en el recién nacido la carga de ser como aquel hermano. Además si el nombre que ponemos tiene una historia de depresión sumamos esa carga a la nueva persona.

Para Jodorowsky, la elección del nombre para el bebé es algo que debe llegar a ambos padres de manera intuitiva; no ser repetido, sino darle la oportunidad de comenzar algo nuevo. No obstante, también entrega pautas de cómo mejorar esta situación para quienes ya están con este problema y sienten que están repitiendo la misma historia. Para él claramente, si el nombre que tenemos trae consigo una carga demasiado fuerte lo ideal es atreverse a cambiarlo, o bien, usar el segundo nombre. De esa manera reducimos los riesgos de llevar con nosotros una carga o repetir la historia vivida por nuestros antepasados.

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7 cambios de hábitos que harán que seas más amoroso y gentil con tu cuerpo y tu vida

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La vida actual es un continuo ir y venir, a veces no tenemos tiempo de pararnos a reflexionar en que necesita nuestro cuerpo y nuestra mente. Te damos 7 cambios en tu hábitos para hacer tu vida más amorosa y gentil.

1. Medita diario – Es impresionante la paz interna que logras cuando meditas. Dedícale 20 minutos diarios. Es un tiempo para ti, para Dios. Sólo requieres sentarte cómodamente, cerrar tus ojos y comenzar a inhalar y exhalar observando qué pasa con tu cuerpo, tu mente, tu corazón y tu espíritu.

2. Sé gentil contigo – Trátate con Amor. Cuando eres amoroso contig@, el Universo entero lo es también. Elige palabras amorosas, deja ir relaciones, situaciones y vivencias que no estén vinculadas al amor, sé un canal del Amor Divino.

3. Nutre tu cuerpo, corazón, mente y espíritu. – Escoge alimentos llenos de vida, entre más libres de químicos y conservadores, más beneficio te harán. Frecuenta a tus seres queridos, diles cuánto los amas. Selecciona libros, programas de TV y actividades que te hagan sentir bien. Deja a un lado cualquier elemento mediático que te aleje de sentir bienestar. Haz prácticas espirituales. Vincúlate con la Divinidad.

4. Confía – La energía Divina está en todos lados, todo lo sabe y es todo poderosa. Confía en su Sabiduría infinita, su Amor ilimitado hacia ti y su Guía grácil.

5. Agradece – Cuenta tus bendiciones, vibra en gratitud, reconoce lo afortunad@ que eres. Atraerás más situaciones por las cuales agradecer.

6. Vive el aquí y el ahora – Observa a tu mente. Cuando la sorprendas en el pasado o en el futuro, regresa al presente.

7. Decreta – La manera de co-crear es a través de la palabra. Usa afirmaciones en presente, positivo y primera persona para decretar lo que deseas manifestar.

Te aseguro que al seguir disciplinadamente estos pasos materializarás un año hermoso, lleno de experiencias amorosas y exitosas.

¡El poder está en ti!

Y recuerda, eres luz y amor. Eres abundancia. Elige experimentarla en todas las áreas de tu vida.