Mami ¿Qué será lo que quiere el Negro? La inesperada virtud de dejar de ser superficial


Mami ¿qué será lo que quiere el Negro?

O “La inesperada virtud de dejar de ser superficial”.

Patricia Martínez Castillo

 

Tan bien que estábamos conformándonos y quejándonos de historias predecibles y desabridas, cuando nos llega “el Negro” González Iñárritu, cual es su costumbre, a despertarnos, confrontarnos, horrorizarnos, enternecernos, sorprendernos, hacernos pensar, llenarnos el paladar y el pensamiento de aromas y especies, de acidez e infortunio.

Birdman es la película que nos ha lanzado como balde de agua helada, también titulada  “la inesperada virtud de la ignorancia”, ¿Cómo puede ser virtud ignorar?  Si lo fuera no tendríamos que leer, estudiar, sorprendernos, ¡vivir!. Cuando ignoramos podemos permanecer en una zona de confort; en cambio, pensar, cuestionar, dejar de ser light, profundizar y confrontar suelen incomodar, aunque también nos ayuda a crecer, ser mejores seres humanos, pasar de la mera opinión al conocimiento,  de la queja constante a la acción transformadora.

En un mundo tras bambalinas, el teatro nos regala la realidad de enfrentarnos a nosotros mismos, porque el teatro no tiene segunda toma, o tercera, o hasta que todo salga bien, es a la primera, como salga, como la vida.  Y cada puesta en escena es un empezar de cero. En el camerino te enfrentas contigo, desnudo, frente al espejo de tu propio ser, con una angustia existencial para encontrarte en el personaje, darte a luz desde tus propias entrañas, sin superficialidad ni falsedad, con todas tus miserias, esas mismas que te has esforzado tanto por esconder.

Los miedos se traspasan, es terapéutico, la catarsis libera. El ego, máscara y escondite, desde donde el actor resguarda su hipersensibilidad, se atrinchera, porque el aire le arde, está a flor de piel. El humor negro suele ser un grito de auxilio. Reírnos de una realidad cruel, usando la ironía, que ya desde Sócrates, solía ser herramienta de aprendizaje.

Cuando el ego cae ¿qué le queda? Una hija adolescente que grita: “No eres tan importante, acostúmbrate a ello, ¡Ya! ¡supéralo!”. Ya no eres Birdman, dejaste de serlo hace mucho tiempo y no te has dado cuenta.

¿Cómo renunciar al “Superhéroe”?, a ese personaje que representamos en la edad en la que éramos invencibles, el mundo era nuestro y el tiempo eterno, un bocado e inmediatamente después el otro, saborear era menos importante que atragantarse la vida, hasta que aparece la situación límite: la lucha, la culpa, la muerte y nos da una sacudida. ¿Nos conformamos? ¿O trascendemos?¿Nos atrevemos a ser nosotros mismos o le seguimos en el miedo, en la máscara? ¿Seguimos quejándonos o actuamos?

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