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CÓMO EVITAR LA NEGATIVIDAD POR ECKHART TOLLE


 

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¿Podría una emoción negativa contener también un mensaje importante?. Por ejemplo, si a menudo me siento deprimido, puede ser una señal de que algo anda mal en mi vida y puede forzarme a mirar mi situación vital y hacer algunos cambios. Así que necesito escuchar lo
que la emoción me está diciendo y no rechazarla simplemente como negativa.

Sí, las emociones negativas recurrentes a menudo contienen un mensaje, lo mismo que las enfermedades. Pero cualquier cambio que hagas, sea que tenga que ver con tu trabajo, con tus relaciones o con lo que te rodea, es sólo cosmético, a menos que surja de un cambio en su nivel de conciencia. Y en cuanto a esto, sólo puede significar una cosa: volverse más presente. Cuando has alcanzado cierto nivel de presencia, no necesitas la negatividad para decirte lo que es necesario en tu situación vital. Pero mientras la negatividad esté ahí, úsala. Úsala como una señal que te recuerde estar más presente.

¿Cómo evitamos que surja la negatividad y cómo nos libramos de ella cuando aparece?

Como dije, evita que surja estando completamente presente. Pero no te desanimes. Hay aún pocas personas en el planeta que pueden mantener un estado de presencia continua, aunque algunos están cerca de ello. Pronto, creo, habrá muchos más. Siempre que te des cuenta de que ha surgido alguna forma de negatividad en ti, mírala no como un fracaso, sino como una señal útil que te dice: “Despierta. Sal de la mente. Vive el presente”.

Hay una novela de Aldous Huxley titulada La Isla, escrita en sus últimos años, cuando se interesó mucho en las enseñanzas espirituales. Cuenta la historia de un náufrago en una isla remota separada del resto del mundo. Esta isla contiene una civilización única. Lo inusual de ella es que sus habitantes, al contrario de los del resto del mundo, son realmente cuerdos. La primera cosa que el hombre nota son unos papagayos coloridos encaramados en los árboles, que continuamente cotorrean las palabras “Atención. Aquí y Ahora. Atención. Aquí y Ahora”. Luego nos enteramos de que los isleños les han enseñado estas palabras para que les recuerden constantemente mantenerse presentes.

Así que siempre que sientas la negatividad surgiendo en ti, mírala como una voz que te dice “Atención. Aquí y Ahora. Despierta”. Incluso la más leve irritación es significativa y debe ser reconocida y observada; en caso contrario, habrá una acumulación de reacciones no observadas. Como dije antes, tú puedes ser capaz de soltarla una vez se des cuenta de que no quieres tener este campo de energía dentro de ti y de que no sirve para nada. Pero entonces asegúrate de que la sueltas completamente. Si no puedes hacerlo, acepta que está ahí y pon tu atención en ese sentimiento, como señalé anteriormente.

Como alternativa a abandonar una reacción negativa, puedes hacerla desaparecer imaginando que te haces transparente a la causa externa de la reacción. Te recomiendo que practiques esto al principio con cosas pequeñas, incluso triviales. Digamos que estás sentado tranquilamente en casa. De repente se oye el sonido penetrante de la alarma de un auto al otro lado de la calle. Surge la irritación.

¿Qué sentido tiene la irritación?

Ninguno en absoluto. ¿Por qué la creaste? No lo hiciste, fue la mente. Fue totalmente automático, totalmente inconsciente. ¿Por qué la creó la mente? Porque tiene la creencia inconsciente de que su resistencia, que tú experimentas como negatividad o infelicidad de alguna forma, disolverá en alguna medida la condición indeseable. Esto, por supuesto, es un engaño. La resistencia que crea, la irritación o ira en este caso, es mucho más perturbadora que la causa original que estás tratando de disolver.

Todo esto puede transformarse en práctica espiritual. Siéntete a tí mismo volviéndote transparente, como quien dice, sin la solidez de un cuerpo material. Ahora permite que el sonido, o lo que sea que cause la reacción negativa, pase a través de ti. Ya no golpeará una “pared” sólida dentro de ti.

Como dije, practica con cosas pequeñas primero. La alarma del auto, el perro que ladra, los niños que gritan, la congestión de tráfico. En lugar de tener un muro de resistencia dentro de ti que es golpeado constante y dolorosamente por las cosas que “no deberían estar sucediendo”, deja que todo pase a través de ti. Alguien le dice algo con la intención de molestarle. En lugar de tener una reacción negativa inconsciente, como ataque, defensa o repliegue, permite que pase a través de ti. No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie ahí que pudiera ser herido. Eso es el perdón.

En esa forma, te vuelves invulnerable. Puedes decirle a esa persona, de todos modos, que su conducta es inaceptable, si eso es lo que escoge hacer. Pero esa persona ya no tiene el poder de controlar tu estado interior. Está entonces en tu propio poder, no en el de la otra persona, y tampoco estás gobernado por tu mente. Se trate de una alarma de auto, una persona descortés, una inundación, un terremoto o la pérdida de todas sus posesiones, el mecanismo de resistencia es el mismo.

He practicado la meditación, he ido a talleres, he leído muchos libros sobre espiritualidad, intento estar en un estado de no resistencia, pero si me preguntas si he encontrado paz interior verdadera y duradera, honestamente debo contestar que no. ¿Por qué no la he encontrado? ¿Qué más puedo hacer?

Yo diría: no busques paz. No busques ningún otro estado que ese en el que te encuentras ahora; de lo contrario, establecerás un conflicto interior y una resistencia inconsciente. Perdónate a tí mismo por no estar en paz. En el momento en que aceptes completamente su falta de paz, se transmutará en paz. Ese es el milagro de la entrega.

Puede haber oído la frase “pon la otra mejilla”, que un gran maestro de la iluminación usó hace dos mil años. Estaba tratando de comunicar simbólicamente el secreto de la no resistencia y la no reacción. En esa afirmación, como en todas las otras que hizo, se refería sólo a tu realidad interior, no a la conducta externa de tu vida.

¿Conoces la historia de Banzan? Antes de convertirse en un gran maestro Zen, pasó muchos años en la búsqueda de la iluminación, pero esta lo eludía. Entonces un día, cuando caminaba por el mercado, oyó una conversación entre un carnicero y su cliente. “Déme el mejor trozo de carne que tenga”, decía el cliente. Y el carnicero replicó: “Todos los trozos de carne que tengo son el mejor. No hay un trozo de carne aquí que no sea el mejor”. Al oír esto, Banzán se iluminó. Veo que espera una explicación. Cuando aceptas lo que Eres, todo trozo de carne (todo momento) es el mejor. En eso consiste la iluminación.

 

 

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