Dejar de ser esclavos


“Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos”

(Jiddu Krishnamurti)

Se obediente, estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, mira la tele, consume, y adorna tu casa en Navidad. Y sobre todo: NUNCA cuestiones lo que te han dicho que tienes que hacer.

La sociedad y la tradición, ejercen desde el día que nacemos, una poderosa influencia sobre nosotros. Se nos adoctrina, para obedecer pautas y directrices predeterminadas por la mayoría y para rechazar sistemáticamente ideas nuevas.

Nos desanima formar parte de una cadena de vida prefabricada, pero asociamos con la frustración y fracaso cualquier tentativa de cambio. Detenernos a pensar para cambiar nuestra mentalidad, tomar las riendas de nuestra existencia, nos enfrenta contra nuestro miedo a la libertad.

Gozamos de mecanismos que garantizan la parálisis psicológica de la sociedad

El miedo: cuanto más temor e inseguridad tengamos, más necesitaremos que nos protejan (el Estado, las instituciones, se convertirán en nuestros aliados).

El miedo es una forma tradicional que han tenido los peores dictadores de la historia para perpetuarse en el poder. Intentan hacernos ver que lo que podemos perder siguiendo nuestro juicio es mucho mayor que lo que podemos ganar si decidimos apartarlo y hacer lo que nos dicen.

Una sociedad madura es la que toma conciencia real de los riesgos y los tiene en cuenta la justa medida de los mismos para evolucionar.

El autoengaño: nos mentimos, para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de cambio. Para lograrlo bastará con mirar hacia otro lado, emplear infinitas formas de entretenimiento para evadirnos las 24 horas del día de nosotros mismos, conseguirá que vivamos narcotizados.

La resignación: agotados física y mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando que “la vida que llevamos es la única posible”.

Asumiendo ser víctimas de nuestras circunstancias, utilizamos la arrogancia y el cinismo contra las personas que piensan distinto, para defendernos en caso de sentirnos cuestionados. Y nos rellenamos de escepticismo para justificar una vida de segunda mano. Por último, el mecanismo de defensa más cruel:

La pereza, cuyo significado quiere decir “tristeza de ánimo de quién no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”.

Nadie dijo que fuera fácil, pero para empezar a cambiar sólo hay que dar un primer paso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>