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la felicidad también se aprende. Te damos algunas claves


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“La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante”.

Antonio Gala

Cuando hablamos de la felicidad se dicen muchas mentiras y otras tantas medias verdades, que son aún peores porque su disfraz es más convincente.

El imaginario popular nos sugiere que es una especie de “Nirvana” al cual no debemos perder la esperanza de acceder. Algo así como un estado de plenitud y de dicha constante.

Adicionalmente, cada época y cada sociedad establece un inventario de las características o condiciones que debemos cumplir para entrar en ese espléndido paraíso terrenal. Actualmente, la idea de la felicidad se cimenta sobre tres pilares: poder, riqueza y belleza.

Paradójicamente, la idea del Nirvana y de sus tres pilares ha dado como resultado más personas frustradas que felices. El poder y la belleza, no parece tener los efectos de plenitud que algunos le adjudican.

Todo lo contrario. Si fuera por sí mismo la única e imprescindible fuente de felicidad, muchos al alcanzarlos dejarían de luchar por una meta nueva

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¿Qué es entonces la felicidad? ¿Cómo podemos alcanzarla?
Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Hardvard por el profesor Tal Ben-Shahar, experto en psicología positiva, indica que el sentimiento de alegría se puede aprender!!

Los medios para adquirir ese aprendizaje son los mismos que para acceder a cualquier otra habilidad: técnica y práctica.

Las seis claves de la felicidad, según Tal Ben-Shahar, son las siguientes:

1. Aprender a celebrar los fracasos
Las personas que son capaces de valorar positivamente sus fracasos, logran ser más felices. Hace mucho daño creernos infalibles o suponer que no tenemos derecho a cometer errores. Pero, además de esto, se trata de una posición idealista y a la vez tiránica con nosotros mismos.

¿Acaso el error no es el pan diario? ¿Acaso la ciencia misma, que es un modelo de minuciosidad y perfección, no está plagada de errores a lo largo de la historia?

Pensar que no debemos, o no podemos, cometer errores, es una idea sin fundamento que solamente origina ansiedad y depresión.

2. Agradecer por lo que tienes
Puedes creer que tu salud, tu familia o tu trabajo son realidades que van a estar ahí para siempre y por eso no les concedes un valor relevante en tu vida. Das por hecho que forman parte de tus haberes y olvidas que en un suspiro puedes perder cualquiera de ellas.

Es muy cierto que diariamente olvidamos agradecer por todos esos milagros cotidianos que nos parecen “normales”.Desgraciadamente, muchas veces reparamos en su inmenso valor solamente cuando ya no están y nos damos cuenta de lo mucho que importaban.

3. Las endorfinas
Son las hormonas de la felicidad. Están ahí mismo, en nuestro cerebro y las tenemos a disposición todo el tiempo, pero no sabemos cómo usarlas. Un paseo de 30 minutos diarios te ayuda a liberar suficientes dosis de endorfinas. Un abrazo de diez segundos, también te dará, al menos, tres minutos completos de endorfinas y felicidad.

El asunto es simple: si te habitúas a realizar prácticas que promuevan la liberación de endorfinas, de seguro vas a sentir más alegría de vivir.

4. Simplificar la vida
Solo se vive una vez, es cierto. Pero eso no significa que debas tratar de vivirlo todo de una vez. Una de las enfermedades contemporáneas es la de querer hacer muchas cosas a la vez y, ojalá, todas con gran velocidad. Ni tu salud física, ni tu salud mental pueden aguantar un tren de vida tan desesperado, por mucho tiempo.

Aprende a organizarte. Dale a cada actividad su tiempo y su valor. Elimina todas aquellas tareas que te roben momentos valiosos de la vida. Lo más probable es que no mueras de hambre si trabajas menos. En cambio, quitarte tiempo a ti mismo y a las personas que más quieres sí puede tener un precio altísimo.

5. La meditación
No tienes por qué convertirte en un Lama tibetano. Basta con que tomes algunos momentos del día para equilibrarte, mediante el ejercicio de una práctica simple de meditación.

La meditación ha probado ser un gran soporte para lograr la paz interior. También incide en un mejor funcionamiento de las habilidades cognoscitivas, creativas y de voluntad.

6. Cultivar la resiliencia
Sí, la resilencia se puede cultivar. No es una habilidad innata, sino que se desarrolla. Se define como la capacidad de enfrentarse a situaciones adversas y salir de ellas fortalecido. Es mucho más fácil dicho en palabras que llevado a la práctica en actos.

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Para ser resiliente tienes que empeñar un gran esfuerzo en ello. Debes enfocarte en encontrar la flor dentro del fango: la enseñanza en medio de la dificultad. Es un camino hacia la sabiduría y hacia la felicidad, entendida en términos realistas: como una relativa paz interior y una frecuente capacidad para encontrar lo mejor que hay en el mundo que nos tocó vivir.

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