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Moléculas de emoción. La ciencia está comenzando a probar nuestra esencia espiritual.


Este es un interesante artículo desde el “Institute for Biomodulation Medicine”. Se trata de un resumen del libro Molecules of Emotion de la Doctora norteamericana Candace Pert. Pert habla de una red de comunicación psicoinmuno-endocrina, que usa los neuropéptidos y mas sustancias asociadas, para hacer partícipe a las emociones y pensamientos de muchas de nuestras patologías como humanidad. Te presentamos un gran artículo sobre Moléculas de Emoción:

Un extracto del texto Moléculas de Emoción de la Dra. Candace Pert, quien explica la comunicación entre los órganos del cuerpo humano, las emociones y la mente.
Candace Pert ha escrito más de 250 publicaciones científicas y ha trabajado como jefa de sección de bioquímica cerebral en la rama clínica de neurociencia del NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos). También ha escrito dos libros que desafortunadamente no han sido traducidos al español: Molecules of Emotion y All you need to know to feel good.

Ella cree que casi todas las enfermedades, si no son psicosomáticas en su totalidad, tienen un alto componente psicosomático definido en su origen, es decir emocional. “Psique” significa mente y “soma” significa cuerpo, por lo que cada patología tendría estrecha y directa relación entre sí con el cuerpo o la mente. Cada experiencia vivida a nivel emocional afectaría físicamente y cada experiencia física afectaría las emociones, por esto la relevancia de tratarlas en conjunto y no aisladamente. Sin embargo esta propuesta hasta el día de hoy no es reconocida por la ciencia tradicional que se resiste a establecer entre sus postulados este tipo de descubrimientos que distan mucho de ser intuitivos, sino que poseen base y sustento empírico.

Candace propone una tesis acerca de la existencia de las Moléculas de la emoción, cuyo principal componente estaría en la superficie de las células tanto corporales como cerebrales, es a lo que ella llama “Receptor de opiáceos”. Ella descubre este receptor en la década del 70, cuando encuentra la manera de medirlo. De este modo puede demostrar la existencia de su descubrimiento, ya que la ciencia establece que si algo es medible, es real. La Doctora Pert dice que la medición es la base misma de los métodos científicos modernos, el medio por el que el mundo material es reconocido como cierto. Si no se puede medir, la ciencia no admite existencia de ningún factor o elemento, motivo por el cual se niegan las emociones, la mente, el alma o el espíritu dentro de las causas de algún tipo de patología.

La molécula es la pieza más pequeña medible dentro de un cuerpo, mientras que el receptor es un compuesto de proteínas y aminoácidos organizados en cadenas, son flexibles y responden a la energía y señales químicas de una vibración. Una célula nerviosa típica puede tener millones de receptores en su superficie los que, básicamente, funcionan como moléculas de detección o escáneres al igual que nuestros ojos, oídos, nariz, lengua, dedos y piel. Estos receptores se encuentran alrededor de las membranas celulares, vibrando y moviéndose a la espera de recibir mensajes presentados por otras criaturas vibrantes que llegan a través de los fluidos que rodean cada célula.

Los receptores se reúnen en grupos alrededor de la membrana celular, a la espera de la sustancia química adecuada que permite su funcionamiento; este proceso se denomina unión. El receptor es capaz de organizar y reorganizar incluso su información filtrando lo que entra a la célula.
La unión de estos componentes se realiza mediante nexos que se dividen en tres tipos: químicos neurotransmisores, esteroides y péptidos . Los neurotransmisores son los más pequeños y corresponden a las moléculas más simples fabricados en el cerebro para transmitir información entre las neuronas. Los esteroides, incluyendo la testosterona hormonas sexuales, la progesterona y el estrógeno, comienzan, tal como el colesterol, a mutar en un tipo específico de hormona. Los péptidos, que constituyen alrededor del 95% de todos los conectores, juegan un papel relevante en la regulación de todos los procesos vitales. Al igual que los receptores, los péptidos se componen de cadenas de aminoácidos.

La Doctora Pert afirma que si la molécula es el motor que impulsa toda la vida, los receptores son los botones del panel de control de ese motor, y un péptido específico u otro tipo de conector, es el dedo que empuja ese botón para que inicie su funcionamiento.

En los primeros días de su investigación, Candace logró apreciar que los péptidos eran los responsables de la regulación de la digestión y la presión sanguínea.

La estructura real de los péptidos son simples, pero las respuestas que causan en el cuerpo son extremadamente complejas. Debido a esto, los péptidos se han clasificado como hormonas, neurotransmisores, neuromoduladores, factores de crecimiento, péptidos intestinales, interleucinas, citocinas, quimiocinas y factores de inhibición del crecimiento. Francis Schmitt, destacado biólogo norteamericano, muy acertadamente los nombró sustancias informativas, porque su función común es la de distribuir información en todo el organismo.

Los investigadores de NIH asumieron que cualquier péptido encontrado en el cerebro era potencialmente un neuropéptido. Al principio se pensó que los péptidos sólo existían en el hipotálamo, pero los científicos se impresionaron al darse cuenta que los péptidos han existido en todas partes del cerebro y por siempre, actuando en él de múltiples formas. Esta sustancia fue encontrada en la corteza, la parte del cerebro donde se controlan las funciones superiores y también en el sistema límbico o cerebro emocional. Cuando empezaron a entender la distribución de estos productos químicos en el sistema nervioso, llegaron las primeras pistas que les llevaron a teorizar acerca de los péptidos de modo más concreto, logrando establecer ya empíricamente la existencia de las llamadas Moléculas de la emoción.

A base de todo lo anterior, el Profesor de psicología de la Universidad de Hofstra, Robert Plutchik, propuso una teoría de ocho emociones primarias dentro de lo que es la tesis de Candace: tristeza, disgusto, ira, anticipación, alegría, aceptación, miedo y sorpresa. Al igual que los colores primarios, estas emociones pueden ser mezcladas para obtener otra; según esto las emociones secundarias podrían ser:

Miedo + sorpresa = Alarma
Alegría + miedo = Culpa.

Los expertos también distinguen entre los tipos de emoción al humor. La emoción es más fugaz y es fácilmente identificable, no así los estados de ánimo, que pueden durar horas o días y es más difícil determinar su causa. El temperamento tiene base genética, lo que significa que estaremos enredados en él toda la vida.

En la década del 20, se llevaron a cabo experimentos con seres humanos para mostrar la conexión entre las emociones y las partes del cerebro donde la Dra. Pert y otros investigadores fueron localizando casi todos los receptores de neuropéptidos. Wilder Penfield, de la Universidad de McGill en Montreal, trabajó con individuos que padecían epilepsia severa, los que se encontraban conscientes y despiertos durante la cirugía cerebral abierta que se les realizó. Descubrió que cuando estimulaba eléctricamente la corteza límbica sobre la amígdala, podría causar una variedad de emociones tales como duelo, ira, alegría, entre otros, ya que los pacientes revivían viejos recuerdos, despertando las emociones estancadas. Los pacientes también mostraron el lenguaje corporal y las acciones físicas adecuadas a las emociones, como temblores corporales, risa o llanto.
Paul MacLean, investigador del NIMH, popularizó el concepto de sistema límbico como la base para las emociones. Él cree que hay tres capas en el cerebro humano que representan las diferentes etapas de la evolución: el tronco cerebral, que es responsable de las funciones autonómicas tales como la respiración, la circulación sanguínea y la temperatura corporal; el sistema límbico, que rodea la parte superior del tronco cerebral y es el asiento de las emociones y la corteza cerebral, en el cerebro anterior, que es la sede de la razón. Si la idea de que los péptidos y otros componentes son las sustancias bioquímicas que rigen las emociones, su acción a nivel nervioso cobra mucho significado. Esto comprobaría, en gran medida, algunas de las ideas de Sigmund Freud en las que se establece que el cuerpo humano sería regido por la mente.
Debido a los muchos años de investigaciones llevadas a cabo por el Dr. Pert y muchos otros, el cerebro emocional ya no puede limitarse a sólo las amígdalas, el hipocampo y el hipotálamo. Hay muchas otras localizaciones anatómicas donde existen altas concentraciones de casi todos los receptores de neuropéptidos, tales como la médula espinal. Esta es el área dentro del sistema nervioso donde se procesan todas las sensaciones corporales. Las altas concentraciones de receptores de neuropéptidos se encuentran en prácticamente todos los lugares en los que actúa el sistema nervioso, dentro del cual ingresa toda actividad relacionada con los 5 sentidos.

Toda la información sensorial pasa a través de un proceso de biofiltrado, ya que se mueve a través de la sinapsis del sistema nervioso, llegando finalmente a la zona en la que se llevan a cabo los procesos superiores en el lóbulo frontal. Es allí donde la información sensorial entra en nuestra conciencia. La eficiencia del proceso de filtrado que elige qué estímulos nos fijamos en un momento dado, se determina por la cantidad y calidad de los receptores en los puntos nodales. Nuestros cuerpos utilizan neuropéptidos para su desempeño cotidiano, mientras que nuestro cuerpo-mente recupera o reprime las emociones y comportamientos para lograr desenvolverse en un espacio determinado.

El colegio de médicos y cirujanos de la Universidad de Columbia, ha demostrado que el cambio bioquímico comienza a nivel de receptor, es decir en la base molecular de la memoria. Cuando un receptor se inunda con un elemento que sirve de nexo, cambia la membrana celular de manera tal que afecta a la elección de los circuitos neuronales que va a utilizar. Esto es importante para la comprensión de cómo los recuerdos se almacenan no sólo en el cerebro, sino que en una red psicosomática a través de todo el cuerpo, en particular en los receptores nerviosos. La diferencia entre un pensamiento consciente y un mero modelo de pensamiento, es regida por los llamados receptores.

Cantidades abrumadoras de información están siendo empujadas a nuestro cerebro de forma continua. Con el fin de no ser abrumado por ella, el cerebro tiene un sistema de filtrado básico que nos permite prestar atención a algunas e ignorar otras, según su grado de influencia e importancia en nuestra sobrevivencia. Mientras que los neuropéptidos dirigen nuestra atención hacia ciertas actividades, no somos conscientes de lo que se está procesando en otras áreas de nuestro cerebro con el fin de ser recordado y aprendido. Sin embargo tenemos la posibilidad de traer algunas de estas decisiones a un nivel consciente mediante técnicas de visualización. La decisión acerca de qué información sensorial viaja a nuestro cerebro y lo que se filtra desde él, dependerá de lo que los receptores están recibiendo de los péptidos.

La Dra. Pert al leer Anatomía de una enfermedad de Norman Cousins, se maravilló. El texto narra como después de ser diagnosticado con una enfermedad mortal, Cousins rechaza la ayuda ofrecida por los médicos, dejando el hospital. Luego decide registrarse en un hotel y entretenerse sólo con videos de Charlie Chaplin. Básicamente, se dedicó a reír sin importarle mucho lo demás, se reía de él mismo, de la situación, hasta que comprendió que lo que su cuerpo necesitaba era reafirmarse ante la vida y disfrutar de ella. Él cree que la risa provocó liberación de endorfinas que, al elevar su estado de ánimo, habrían colaborado con la erradicación total de la enfermedad. Esta experiencia leída, confirmaba a la Dra. Pert, su trabajo acerca de los neuropéptidos.

La Dra. Pert llegó a la conclusión de que tal vez las células cancerosas eran macrófagos y que, de alguna manera, mutaban hasta enfermar al cuerpo. Esta era su explicación de las metástasis, como células que viajaban a veces sin saber cómo, hacia sitios muy lejanos del foco de la enfermedad. En su investigación, se utilizaron anticuerpos que suelen enlazar a los macrófagos para comprobar si ellos están también vinculados a las células cancerosas. Lo que descubrieron fue que los macrófagos habían mutado. Las células cancerosas habían surgido originalmente no a partir de las células del pulmón afectado, sino que a partir de macrófagos que habían migrado al pulmón de la médula ósea para participar en la limpieza y la reparación de tejido dañado. En algún lugar y de alguna manera habían mutado convirtiéndose en cánceres con metástasis extendiéndose por todas partes.

La Dra. Pert descubrió que había una conexión clara entre el cáncer, el sistema inmunológico, y la toxicidad en el cuerpo, y publicó un artículo en la revista Science. Empezó a creer que habían encontrado el mecanismo subyacente que explica cómo el cáncer responde a la toxicidad de los contaminantes ambientales, ya sean de aire o químicos presentes en la dieta. La investigación arrojó que los mismos péptidos que se encuentran en el cerebro también estaban en el sistema inmunológico, y que los sistemas endocrino, nervioso e inmunológico se integraban funcionalmente en lo que parecía ser una red Psicoinmunoendocrina. Los neuropéptidos eran capaces de mostrar claramente las células cancerosas a través de sus receptores, haciéndolos crecer y viajar a diferentes partes del cuerpo.

¿Podría, entonces, un exceso de neuropéptidos liberados por el sistema inmune o por cualquier otro sistema de órganos en el cuerpo, estimular otras formas de cáncer?

Los neuropéptidos, sustancias químicas secretadas por el cerebro y que influyen en el estado de ánimo y el comportamiento, mediante sus receptores, eran capaces de mostrar las células cancerosas y sus múltiples metástasis. La Dra. Pert mostró que, además de las células inmunes, muchos tipos diferentes de células cancerosas fueron descubiertas por medio de los neuropéptidos. Esta se convirtió en su base para pensar que mediante los receptores neuropéptidos de las células, era muy factible combatir y vencer el cáncer. También señala que los péptidos que no son las únicas sustancias importantes en el proceso de entender el comportamiento del cáncer. Las hormonas sexuales también desempeñan un papel en esta red celular, ya que se demostró que promueven el crecimiento de ciertas células cancerígenas. El estrógeno, por ejemplo, aumenta el crecimiento de ciertos tumores de mama.
En 1985, la Dra. Pert publicó un documento clave en su teoría de las moléculas de la emoción en el Journal of Immunology, el que, en síntesis, expone lo siguiente:

“Un importante cambio conceptual en la neurociencia ha sido impulsado luego de descubrir que la función cerebral es regida por numerosos productos químicos, además de los neurotransmisores clásicos. Muchas de estas sustancias son neuropéptidos, estudiados originalmente en otros contextos como hormonas, péptidos intestinales, o factores de crecimiento. Su número en la actualidad (al año 1985) excede los 50, y la mayoría, si no todos, alteran el comportamiento y el estado de ánimo. Se ha comprobado que ciertas drogas psicoactivas, tales como la morfina, el Valium y la Fenciclidina, han sido de utilidad en el proceso de reconocer esta actividad. Ahora nos damos cuenta de que su especificidad reside a nivel de receptores en lugar de las ya tan conocidas sinapsis clásicas. Estos receptores de neuropéptidos se producen en las células móviles del sistema inmune. Los neuropéptidos y sus receptores se unen de este modo en el cerebro, glándulas, y en el sistema inmunológico a una red de comunicación entre el cerebro y el cuerpo, lo que probablemente representaría el sustrato bioquímico de la emoción”.

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