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Ni tus enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos


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En nuestra vida diaria, influida a menudo por una sociedad competitiva acostumbrada a proyectar en los demás los propios fracasos e incluso la frustración, son muy pocas las veces en que nos otorgamos un instante de introspección para hablar con nosotros mismos.
Te aseguramos que no hay conversación más sabia y enriquecedora que aquella que podemos establecer con nuestra voz interior. Es ahí donde se encierran nuestros ángeles y nuestros demonios, puesto que en ocasiones, no existe tampoco mayor torturador que los propios pensamientos.
Es muy posible que el día de hoy te sientas incomprendido por los demás, que pienses que no estás siendo valorado, que hay quien te envidia, quien te detesta y quien posiblemente, no te quiera a su lado.

No obstante, esas son tus creencias, pero… ¿es la verdad? ¿y si eres tú mismo tu peor enemigo? Recuerda que en esta vida no hay peor forma de esclavitud que la de aquel que almacena odios y enfado. Toda emoción negativa te encadena.
Así que… ¿qué te parece si desde hoy mismo aprendemos a “soltar”? ¿a ir liberando peso de nuestra mochila existencial?

Tu peor enemigo puede habitar en tu propio interior

Todos hemos pasado por alguna que otra época de oscuridad, donde nos hemos sentido vulnerables. Hay quien vive estos momentos como instantes en los cuales puede “reconstruirse” por dentro.
Otros, sin embargo, caen en el error de transitar por este tipo de situaciones:

  • Ante un fracaso personal, laboral o emocional, nunca recurras a establecer atribuciones negativas del tipo “yo no valgo para nada”, “está claro que no merezco tener suerte”, “yo no sirvo para ser feliz”.
  • Los pensamientos negativos son grilletes que anudas a tu crecimiento personal. Y no hay peor instante para darles fuerza y aliento que en los momentos más desesperados. De hacerlo, de darles poder, te acercarán al borde del abismo.

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Debes asumir que la vida, es un complejo sendero donde nadie tiene garantizada la suerte o la felicidad. Es necesario que tengas conciencia de que existe la adversidad, y que lejos de rendirte a ella a través de pensamientos negativos, hemos de afrontarla con entereza.

Debemos tener mucho cuidado también con las frustraciones. Seguro que entre tus conocidos, amigos o familiares, hay alguien que no suele gestionar muy bien el hecho de no conseguir determinadas cosas. Lejos de ahondar en sí mismo para comprender qué ocurre, busca culpables  a su situación.
Es un acto tan inmaduro como negativo. El hecho de proyectar en los demás atribuciones como el odio, o el rencor, nos hace prisioneros de sentimientos que nos “involucionan” como seres humanos. Que nos encadenan al peor de los enemigos: nosotros mismos.
Quien te enfada te somete.
Si odias te esclavizas.
Si almacenas rencor jamás avanzarás como persona libre o plena.
Piensa en ello durante unos instantes.

No almacenes cada piedra que te encuentres en el camino

Hay quien a medida que avanza en su transcurso vital, y en el sendero de sus experiencias, elije la opción de acumular cada piedra que encuentra en su camino:

  • Almaceno la traición de un amor que no me supo querer.
  • No olvido lo mal que me trato el directivo de esa empresa en la que trabajé.
  • No puedo olvidar que mi padre no quiso ayudarme en aquel momento.
  • No puedo olvidar que mi mejor amigo me mintiera.
  • No pienso dejar de odiar a cada persona que no supo ver en mi lo que valía.

Todo ello, son sin duda piedras en el camino que has tenido que asumir, y aceptar. Ahora bien… ¿de qué te sirve guardarlas en tu mochila? Si te das cuenta, día a día ese peso cargará tanto tus espaldas, tu mente y tu corazón que te será imposible seguir avanzando.
Es más, al final te convertirás en tu propio peso: te convertirás en odio. ¿Es eso lo que quieres ver cada mañana cuando te mires al espejo?

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