Por favor no me felicites, inclúyeme.


Por: Patricia Martinez Castillo

El día Internacional de la Mujer y las otras discriminaciones

El 8 de marzo, día internacional de la Mujer, llueven en redes sociales “felicitaciones” que, bien a bien,muchos ni entienden, ¿alguien felicita a un hombre por ser hombre? ¿Por qué felicitar a una mujer por serlo? Y luego viene la lluvia de calificativos: hermosas, sacrificadas, todo terreno, únicas y demás.Yo también conozco hombres así. ¿Tú no?

Eso me recuerda que la primera felicitación que solía recibir hace años, era de mi amigo Arturo, antes de que muriera, el más machista de mis amigos, se enfurecía cuando le decía que no es cuestión de género, sino de paz, justicia, equidad, honestidad. No se trata de “festejar” a las mujeres, sino de crear una mejor sociedad para todos, sin excepción. No se trata de mandar una felicitación un día al año y discriminar el resto, a quien sea, por las preferencias que sean.Yo le decía que festejaríamos el día que hubiera “el día de todo”, del afroamericano, del hombre, del anciano, etc. Él ya no vive para decirme que ahora, todos los días son días de algo, ya hasta perdimos las ganas de conmemorar, se perdió la seriedad.

Para algunos, esto es una lucha de hombres contra mujeres, pero va más allá, empezó con la lucha por el derecho a la igualdad en las urnas y los sindicatos. Sabemos que en cuestión de salarios aún hay una brecha de género en muchos países, empezando por éste. La injusticia es para cualquier hombre o mujer que gane menos trabajando más que otro, que la determinación del salario o retribución no sea por el mérito o los resultados que genera.

Me parece que es fundamentalmente un problema de educación, ahí tienes el impactante caso de Malala o las mujeres musulmanas, entre muchos otros. Pero no vayamos tan lejos, a mí, varias veces me han recetado aquello de “ya no estudies tanto…” “Mujer que sabe latín, ni encuentra marido, ni tiene buen fin”. La “amenaza” que representa una persona preparada, hombre o mujer, para aquellos que no lo están, y lo peor es que no quieren que nadie más lo sea. No es conveniente. No falta el que aún dice que cada quien su moral y su justicia y que eso es cuestión de costumbres. Para mí la justicia no es una costumbre que puede cambiar a conveniencia, es una virtud, o como decía Aristóteles, el justo medio, la virtud de las virtudes, y como tal es una aspiración universal. Ojalá y estuviéramos más acostumbrados a ser justos con nosotros mismos y con los demás.

La discriminación aceptada comienza con la educación en la familia, en el ejemplo que dan la Mamá y el Papá, ambos, activa o pasivamente, no sólo con lo que decimos, sino con la forma en la que actuamos, o dejamos de hacerlo. La educación violenta genera una sociedad violenta. La educación discriminadora genera discriminación. La indiferencia, desamor.

Nunca se habla de la “otra” discriminación, la de las mujeres en contra de las mujeres, la discriminación de ambos géneros ante la diferencia. Por ejemplo, la discriminación a la mujer soltera y sin hijos, la que rompe con el paradigma social, pareciera que eresmás valiosa si eres madre soltera, divorciada, o cualquier estatus, menos soltera y sin hijos. Las sentencias empiezan con un “como tú nos tienes hijos…”, “como tú no te has casado…” o peor “como nunca te casaste…” Semejante pecado te hace “solterona”, rara, sin necesidades, sin horarios, incapaz de comprometerte, amargada, egoísta, prostituta, roba maridos, exigente, patética pues, mereces ser excluida, y la primera cara de desaprobación viene precisamente, en muchos de los casos, de las otras mujeres, las que se sientensuperiores por ser madres, las que tomaron decisiones diferentes, con las que tampoco están conformes. Discriminación y argumentos Ad hominem, éste es sólo un ejemplo.

En la medida en que nos aceptemos a nosotros mismos, con nuestras propias decisiones, seremos capaces de aceptar al otro. Vamos celebrando lo que sí tenemos, lo que sí somos. Celebremos cuando somos incluyentes, tolerantes, cuando reconocemos el derecho a decidir, a ser, a vivir, a amar, a ser productivos, a ser justos, a respetar, celebremos que somos seres humanos, más allá de nuestras diferencias, nuestras coincidencias. ¡Feliz día a todos!

2 pensamientos sobre “Por favor no me felicites, inclúyeme.”

  1. Me parece muy buen artículo y real que hemos vivido la mayoría de las mujeres. Al último párrafo le incluiría ser libres como seres humanos.

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